La colonización de Europa (y 5)

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Copiamos del foro debatimos  5ª y última parte del artículo de G. Faye:

¿Por qué el enfermo desconoce su fiebre, por qué se niega a mirar el termómetro? ¿Porqué los poderes niegan que la inmigración es de hecho un cataclismo social, que está en marcha una colonización, por qué se comportan como si la emigración no existiese?

El estado se ha vuelto de nuevo censor, a veces se refiere a las poblaciones afro-magrebíes como “representantes de la población que vive en la periferia”… asombroso eufemismo. El Instituto de Estadística niega el hecho étnico y racial y se niega a hacerse pregunta alguna sobre este hecho. (…)

Los poderes públicos, atontados por la psicosis antirracista y el tabú étnico, disimulan voluntariamente las cifras de la inmigración. Pero al mismo tiempo, remarca sus contradicciones, como corresponde a toda ideología alejada de la realidad, pues implícitamente reconocen el carácter étnico de la colonización, reconocen que los inmigrantes rechazan la asimilación. Los poderes públicos colaboran con los inmigrantes colonizadores para moldear la opinión pública. Pues en una sociedad mediática las gentes creen menos en lo que ven que en lo que les inculcan los mass-media.

En su libro fundamental “Des dieux et des empereurs” (Éditions des Ecrivains), André Lama explica cómo el Imperio Romano fue minado desde el interior por una modificación de su sustrato étnico. Notablemente por la increíble tasa de natalidad de los pueblos invasores, pero también por la caída demográfica entre los romanos. La población romana de origen fue rápidamente africanizada y orientalizada a instancias del mismo Estado, lo que contribuyó al derrumbe de la civilización original, añadido a la presión militar de los germanos y la insumisión estatal de los cristianos. (…)

En los años sesenta, Pierre Chaunu y Georges Suffert, en “La Peste Blanca” (Gallimard), un libro que hoy sería impublicable en tanto que políticamente incorrecto, llaman la atención sobre la caída de la natalidad europea. Es de notar que por aquellos tiempos comenzó la inmigración masiva y salvaje de poblaciones extraeuropeas.

André Lama, escribe en su obra: “A medida que la vieja república fenecía, la Roma romana recibía sin cesar influencias exteriores debilitadoras y elevaba a la dignidad de ciudadanos romanos a toda suerte de elementos disgregadores y enemigos del Estado”. El poder imperial romano devino absoluto porque se fundaba en una sociedad multirracial, sin raíces. Cuando no existe un pueblo, un mínimo de homogeneidad étnica, el verdadero régimen democrático se derrumba. Es lo que ocurre también hoy en día, pues se tiende a compensar la anarquía que crea la coexistencia de etnias inconciliables.

Para André Lama, las migraciones, las diferencias de natalidad que provocaron una modificación étnica, son la causa de los grandes cambios políticos que se observan en la historia. “Por un diferencial demográfico se puede asistir al nacimiento de una nueva nación que viene silenciosamente a reemplazar a la anterior, sin necesidad de guerras extranjeras ni invasiones”. No nos resistimos a establecer una comparación entre el fin del Imperio Romano y nuestra civilización. Roma desapareció porque las nuevas poblaciones, las nuevas costumbres y los nuevos cultos contrastaban con aquellos del pueblo fundador.

Las tesis de Lama me parece interesante en tres niveles:

1) La colonización de la población actual de Europa es el efecto boomerang del colonialismo de conquista y de la dominación europea del siglo XIX. Los pueblos afro-asiáticos anteriormente colonizados se instalan hoy entre los colonizadores. Los imperios francés y británico, imitando al imperio romano, han sufrido la misma suerte: la submersión de la Madre-Patria en el cosmopolitismo y el caos étnico. El modelo imperial no es viable mas que entre poblaciones biológica y culturalmente cercanas. He aquí el porqué, en mis dos anteriores obras, El Arqueofuturismo y Nuevo Discurso a la Nación Europea, propongo el modelo imperial y federal, que yo llamo Eurosiberia, para reagrupar a la Europa Occidental, la Europa Central y Rusia, es decir, los pueblos indoeuropeos. (…)

2) La segunda lección es la siguiente: ¿cuál es la infraestructura de las civilizaciones? ¿Es cultural o es económica? (…) Una civilización es un conjunto de formas, de conocimientos, de técnicas, de hábitos, de modos de vida, de saberes adquiridos, que reposan sobre una cultura. Los marxistas y los liberales disienten: el estado de una civilización tal no reposa sobre la cultura original, sino sobre las relaciones de producción y el estado de las técnicas. Los marxistas y los liberales piensan que una civilización está constituida por las infraestructuras económicas y las relaciones de producción; siendo la cultura una simple superestructura, una expresión derivada.

A la inversa, a principios de los años 70, la Nueva Derecha sostenía que una civilización, una moral, el estado de la técnica, las formas políticas, son el producto de una columna cultural: la civilización es la consecuencia de la cultura, y no a la inversa.

Hoy por hoy, esta posición antimaterialista me parece insuficiente, pues no responde a la pregunta fundamental: ¿qué o quién determina la cultura? Es la composición biológica de los pueblos, sus cualidades y sus defectos innatos, su atavismo antropológico, lo que funda sus culturas, que a su vez producen las civilizaciones. Dicho de otra forma, la infraestructura profunda de las civilizaciones no es económica ni cultural, es biológica (…)

Cuando hablamos de infraestructura biológica y étnica de las civilizaciones, es evidente que no nos referimos al mito de la “pureza racial”. André Lama expone con justicia que “Decir pueblo es decir grupo étnico más o menos homogéneo y más o menos mezclado. Hablar de “pureza racial” es una utopía ridícula. Pero precisemos, todo mito de una pseudo pureza racial es un exceso. Europa es ciertamente fruto de mestizajes, pero de mestizajes de pueblos próximos, con diferencias relativas y en muchos casos aparentes, que se benefician de una cierta proximidad antropológica. Tanto o más reduccionista es la idea de “raza pura” como la de “raza global”. Es la idea de Senghor con sus conceptos de “albo-europeo” y “negro-africano.

Este es un concepto de parentesco etno-biológico en sentido amplio, que se opone tanto al reduccionismo de la “pureza racial” como al cosmopolitismo del mestizaje universal, ambos profundamente contrarios al humanismo. Negar la dimensión étnica y biológica de los hombres es refutar a la misma humanidad, la realidad de la humanidad.

Tenemos tendencia a percibir la especie humana como una especie “a parte”, que escapa a las leyes de la naturaleza, especialmente a los principios de la subdivisión bio-genética, como si el hombre fuese un bloque divino, donde no se dan ni las desigualdades ni las diferencias, como si la humanidad estuviese situada al margen de la participación en el mundo vivo y en la unidad del cosmos, que se manifiesta en la diversidad infinita de las formas.

La antropología contemporánea rechaza igualmente el reconocer los testimonios etnológicos: el hombre sería una especie providencial, única, llegada de ninguna parte… La tierra, la realidad, no está hecha para él: es demasiado “pesada”, demasiado “grosera”.

Las raíces de este antropocentrismo, de esta creencia en la unidad biológica del género humano, de esta negación dramática de la diversidad racial de la humanidad, provienen de las grandes doctrinas y religiones monoteístas. El hombre se diviniza en tanto que Hijo de Dios, y por lo tanto no es divisible. Está separado radicalmente de los reinos animal y vegetal, de la Naturaleza. La humanidad deviene una categoría trascendente. Para ella no cuentan las leyes de la diversidad, de las diferencias, de la tragedia de lo vivo. Estos dogmas, aunque son pulverizados por la medicina y la genética contemporáneas, para la antropología pertenecen más bien al reino de las demás especies.

Mientras tanto, la tribalización y la racialización de la sociedad francesa y europea está en marcha, en nombre del antirracismo. La ideología igualitaria se asemeja a la pescadilla que se muerde la cola: hoy se comienza por implantar medidas de “discriminación positiva” y de cuotas profesionales a favor de los diversos grupos raciales, especialmente africanos y magrebíes, lo cual supone en la práctica negar los principios del individualismo igualitario y la misma esencia del antirracismo, según los cuales las razas no existen; por el otro lado la mentalidad comercial y publicitaria imperante se ha lanzado a un marketing étnico desenfrenado. El antirracismo es el terreno mejor abonado para el racismo. (…)

Es así como hay que entender que el colectivo de presión “SOS-Racisme” demandó en julio de 1999 al consejo de la Televisión Nacional con la acusación de “discriminación racial y atentado a la libertad individual”, con el pretexto de que no había suficientes presentadores y animadores negros tras las pantallas de TV. Suprema paradoja: en nombre de la libertad y la igualdad, se exigía implantar cuotas de afro-magrebíes. ¿Y para cuando entonces las cuotas de chinos, judíos, indios, católicos, etc.? ¿Y por qué han de limitarse a la televisión? ¿Por qué no, según esta lógica, implantar las cuotas en la administración y en las empresas?

No encuentro que existan impedimentos éticos ni morales para una reivindicación tal, si estos colectivos tomasen conciencia de las estupideces de los “antirracistas”, siguiendo la extraña (por corrompida) lógica que proponen, y la llevasen hasta sus extremas conclusiones.

Lo triste, peor aun, lo alarmente, es que estas estupideces son realmente peligrosas en su profunda perversidad, en su desprecio por la lógica inmanentista, en su pasotismo por los sucesos reales, en su no querer pisar la tierra. Los grupos de presión al estilo de “SOS-Racisme” son portadores de un peligro mayor que guerra atómica: el desprecio de la lógica en las decisiones de la Res Publica, la instauración del absurdo en los debates para interés del pueblo.

(…)

El colectivo “SOS-racisme” razona de manera totalmente racista. En sus panfletos podemos leer que “Los habitantes de color en Francia constituyen una comunidad con derecho a poderse identificar y hacerse reconocer a través de los medios audiovisuales”. No hablan de otros colectivos… curiosamente. Aquí vemos lo que era previsible: que las autoridades republicanas no creen totalmente en sus santas nociones de “integración” y “asimilación”, sino que los hechos les obligan a abandonar sus utopías y reconocer la existencia del hecho étnico, de avalar la racialización de la sociedad. Pero esta situación conduce de manera imparable a la ghettización. Una sociedad donde la organización social comienza a fundarse en el segregacionismo, aunque sea “positivo”, en la lógica de las cuotas, de los privilegios, de las preferencias y de la “discriminación positiva”, de la anti-selección en suma, no puede ser viable a largo tiempo. Lo que se nos está proponiendo, sin decirlo o sin saberlo, es un apartheid de hecho. Los lobbies étnicos ya se imponen sobre los principios de la igualdad. La izquierda-caviar, la izquierda del bien vivir, viendo la imposibilidad de la idea del mestizaje, del modelo del “melting-pot”, empieza a razonar sobre una organización política y social fundada sobre las proporciones raciales.

Ni siquiera se han enterado, pero acaban de asesinar a sus propias convicciones: los “inmortales principios” de 1789… Ya no creen lo que dicen, puesto que proclaman lo que dicen no creer. Nuestra izquierda-caviar, la más trostkista y estúpida del mundo, ha sobrepado la raya del cinismo… En una sociedad realmente sana y menos mediatizada, esto no hubiese sucedido nunca.

Esto no escapa al lenguaje cotidiano, a la mentalidad popular. Los pseudo-neologismos en boga utilizan términos como “Beur” y “Rebeu”, traducción de “árabe”, y usan el término “Keubla” (“negro”) para designar a los franceses de derecho, pero con todas sus connotaciones raciales y étnicas, sin dejar de lado las injurias (“hijoputa de tu raza”); en España se ha popularizado la voz “sudaca”, que tiene una extraña connotación de insulto. La sociología francesa, recluida en las bibliotecas y los platós de televisión, no se digna descender en el análisis del lenguaje cotidiano.

En los barrios jamaicanos y antillanos de Londres, el slogan de “Whites out !” (“¡Blancos fuera!”) es omnipresente. En el metro de París, como en los servicios públicos, las injurias racistas, de todos los sentidos, constituyen el 80% de las inscripciones y los grafittis populares, superando incluso (!!!) a las alusiones sexuales. En diciembre de 1999, todas las fachadas de un partido político fueron adornadas con un lema vengador: “Galos de mierda, los árabes daremos por culo a Francia”.

Los ejemplos son numerosos. La “persuasión por la educación” ya no induce sino a la risa. El único enemigo eficaz del racismo –esa pasión que ronda a la humanidad desde tiempos atávicos- no puede ser el antirracismo institucional, sino el rechazo de toda civilización multirracial.

Quod erat demostrandum.

Fuente: http://www.geocities.com/noinmigraci…ion_europa.doc

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2 comentarios to “La colonización de Europa (y 5)”

  1. hermenegildus Says:

    Siendo la cuestión, de preservar la pureza racial, uno de los objetivos esenciales, que debe de llevar a cabo, del República de la Virtud, habida cuenta que la mezcla racial, crea el caos racial, destruye el alma de las razas, destruye las razas, destruye las etnias, destruye los pueblos, destruye las naciones, destruye la cultura, destruye la civilización y contribuye a crear un conglomerado racial, compuesto por todas las demás razas, de este modo, se consumará la mundalización, que es algo absolutamente odioso, y a lo que nos oponemos con todas nuestras fuerzas.

    Las uniones interraciales deberían estar toptalmente terminantemente prohibidas, y serán nulas de pleno derecho. La única raza, que puede habitar España, es la raza blanca europea, todos aquellos, que no pertenezcan a estas razas, habrán de salir de España. Debemos dar una solución final, al problema de 650.000 gitanos que viven en España, bien devolviéndolos a la India, aunque hubiese, que pagar porque se quedasen con ellos, o bien llevando a cabo, su internamiento, en campos de concentración, en que los hombres, estarán separados de las mujeres, lo cual impedirá su reproducción, y, con el transcurso de los años, la raza de los gitanos, terminará por desaparecer.

    En toda Europa, se está produciendo una trasmutación racial, razas venidas de fuera, hombres sin patria, sin raíces, que vienen a quitarnos nuestros puestos de trabajo y nuestra patria, que no sienten ninguna preocupación y ningún apego por Europa, sino espíritu de revancha, ya que ven en Europa el continente de donde salió las razas que los esclavizaron, se están haciendo con el control de la sociedad, además, vienen a Europa y se traen consigo su propia forma de vida, negándose rotundamente a abandonarla, de tal modo, que los nacionales tenemos que soportar las costumbres de gentes foráneas teniendo nosotros que ceder, en vez de ser ellos los que se adapten a nosotros, la cantidad de inmigrantes es cada vez mayor, al ritmo actual para dentro de 35 años en toda Europa, los inmigrantes se habrán constituido en la mayoría de la población, quedando nuestras razas reducidas a una minoría, las razas europeas desaparecen, las poblaciones actuales de Europa solamente están creciendo gracias a que quienes tienen más hijos son los inmigrantes, los indígenas de Europa prácticamente no tienen hijos, con lo cual seremos cada vez menos. Un ejemplo ilustrativo, Suecia doblará su población que es ahora de 10 millones dentro de 2.000 años, y Nigeria que tiene 150 millones doblará su población dentro de 25 años.

    Los europeos llevamos 3.000 años creando Europa, pero Europa no quedará como herencia para nuestros descendientes, siendo ellos como son los únicos legitimados para heredar Europa, al final Europa será heredada, por todas las razas extraeuropeas que nos han invadido, terminando nosotros siendo extranjeros en nuestro propio país ¡Quo vadis Europa! Todo esto sucede porque estamos gobernados por psicópatas, degenerados y malvados. El antirracista es un traidor a su patria, un traidor a su raza, un degenerado, un psicópata, yo les acuso de alta traición, y pido para ellos la pena capital; no parecen darse cuenta de la verdadera realidad del terrible problema que se nos plantea, son unos miserables.

    Si eres alguien que ama a su patria, debes querer lo mejor para ella, y lo mejor para nuestra patria, no consiste en que los inmigrantes terminen por hacernos extranjeros en nuestra propio país ¡españoles despertad, nos están engañando! ¡españoles a las armas, nuestra patria está en peligro! ¡españoles, revolución! Cambiemos por completo todo el sistema y transmutemos todos los valores que predica la degenerada sociedad actual, llamemos malo a lo que ellos llaman bueno, llamemos bien a lo que ellos llaman mal y transmutemos todos los valores de esta sociedad perversa que camina de forma inexorable hacia el esperpento.

  2. jessicahugheskd Says:

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