La comunidad en Platón y Aristóteles

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sábado, 26 de abril de 2014

La comunidad en Platón y Aristóteles

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Ahora vivimos en el más absoluto individualismo. Pero, aunque no se lo crean, hubo un tiempo en el que la comunidad tenía valor por encima del individuo. Este era el tiempo de los griegos y los romanos. El mundo de la vida griego y romano era en bloque comunitario. El individuo estaba en función de la comunidad y no la comunidad en función del individuo. Vivir en el sentido de la vida plena del hombre se entendía entonces como existencia con los otros dentro de la estructura de la comunidad. Veamos esto en Platón y Aristóteles. Los textos pertinentes al respecto son Platón, República especialmente los libros II y IV y Aristóteles Política, libros I y III.

Platón dice en boca de Sócrates en el libro II de la República que la pólis nace cuando los individuos no se bastan a sí mismos, sino que necesitan de muchas cosas. Las necesidades mínimas son el alimento, la vivienda y el vestido. Necesitaremos por tanto agricultores, ganaderos, albañiles y tejedores. Y no todos valen para todo. a unos se les da mejor el pensamiento, a otros la acción. Es mejor que cada uno se ocupe solo de aquello para lo cual está dotado por naturaleza. Una persona desperdigada en varias ocupaciones no hará bien ninguna.

La base de la comunidad armónica es la complementación entre la desigualdad natural y la necesidad que todos tenemos de una serie de objetos. El bien común se construye sobre la desigualdad de funciones. En un sentido importante, una comunidad no se basa en la igualdad, sino en la desigualdad. Es esa desigualdad la que permite el hecho de que un objeto sea producido de la mejor manera posible. La pólis es la comunidad que cubre las necesidades mutuas según las habilidades personales, en vistas a un auxilio en común. El equilibrio/complementación/bien común se logra cuando el artesano se dedica a producir, el filósofo a pensar y el guerrero a pelear: “El Estado es justo por el hecho de que las tres clases que existen en él hacen cada uno lo suyo” (República, libro IV, 441 d-e). La justicia consiste en que cada uno haga lo que tiene que hacer dentro de la pólis.

El planteamiento es comunitario. Por una parte, no se concibe al hombre como un átomo suelto, sino como un miembro de una estructura en la que cumple una función. Un individuo suelto cubriría mal muchas de sus necesidades y llevaría una vida deficiente. Solo se puede vivir de manera plena dentro del equilibrio de la pólis. Por otra parte, el auxilio en común requiere una participación activa. Hay que participar y compartir para ser ciudadano de la pólis. Platón utiliza el término koinonía, que significa comunidad, participación, asociación, alianza y empatía. La koinonía no es un mero contrato artificial voluntario que se pueda coger o dejar, es algo más constitutivo y por naturaleza.

La justicia es el hilo conductor y justicia, en Platón, es armonía. De ninguna manera se está hablando aquí de la preponderancia de una clase sobre otra, sino del equilibrio entre ellas.

Platón se alejó de la tradición griega en algunos puntos como la postulación de un mundo sobrenatural que dirige el ser desde el deber ser, pero no en este punto de que el hombre vive en comunidad.

Aristóteles piensa algo parecido respecto a la fundación de la pólis en la desigualdad de funciones y respecto a la relación entre el individuo y la comunidad.

“No solo la ciudad está compuesta de una pluralidad de hombres, sino que también difieren de modo específico. Una ciudad no resulta de individuos semejantes. Una cosa es la alianza militar y otra la ciudad. La primera es útil por la cantidad, aunque haya identidad de clase … Pero los elementos de los que debe resultar una ciudad difieren específicamente” (Política, libro II, 1261 a)

Si en una pólis vivieran solo hombres muy semejantes, por ejemplo, si fueran todos guerreros, nadie se ocuparía de las otras muchas tareas que hay que llevar a cabo. En realidad, no sería una pólis. Es necesario una diversidad de individuos y de habilidades: “La pólis es por naturaleza una cierta pluralidad” (Política, libro II, 1261 a) de personas que se complementa para el auxilio en común.

“La comunidad perfecta de varias aldeas es la pólis, que tiene ya, por así decirlo, el nivel más alto de autosuficiencia, que nació a causa de las necesidades de la vida, pero que subsiste para el vivir bien” Política, Libro I, 1252 b

El individuo no es suficiente, necesita la familia. La familia no es suficiente, necesita la aldea. La aldea no es suficiente, necesita la pólis. La pólis si es suficiente. ¿Suficiente para qué? Para vivir bien. ¿Y qué significa vivir bien? Vivir una vida humana en plenitud. El hombre es un animal comunitario por naturaleza, está hecho para vivir en la pólis.

Respecto a la relación del individuo con la comunidad, Aristóteles es todavía más comunitario, si cabe, que Platón:

“Por naturaleza, pues, la ciudad es anterior a la casa y a cada uno de nosotros, porque el todo es necesariamente anterior a la parte. En efecto, destruido el todo, ya no habrá ni pie ni mano, a no ser con nombre equívoco, como se puede decir una mano de piedra: pues tal será una mano muerta. Todas las cosas se definen por su función y por sus facultades …. Es evidente que la ciudad es por naturaleza y es anterior al individuo; porque si cada uno por separado no se basta a sí mismo, se encontrará de manera semejante a las demás partes en relación al todo y el que no puede vivir en comunidad, o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la ciudad, sino una bestia o un dios” (Política, libro I, 1253 a 13-15)

La ciudad es anterior a los individuos y a las casas en el sentido metodológico de que las partes no tienen sentido sin el todo. Si matamos el todo (la organización, el sistema), ninguna de las partes se puede mantener. El individuo suelto es una ilusión. Todas las cosas se definen “en función de” su situación en la totalidad. Cuando la mano está muerta ya no está “en función de”, ni “es capaz de”, sólo le queda el nombre. Cuando el individuo está solo, está muerto en el sentido funcional y, según Aristóteles, ya no es un hombre, es una bestia o un dios. La estructura totalitaria de la comunidad es una condición necesaria para el sentido de la persona.

Para el individualismo liberal, el hombre es un yo absoluto independiente con derechos inviolables, una subjetividad que hace girar todo a su alrededor. La génesis histórica de estas ideas lleva hasta Platón y hasta el cristianismo. El hombre es un ser superior, un ser de otro mundo hecho para dominar la tierra. Del humanismo cristiano se pasó al humanismo ilustrado. La sobrevaloración del alma se convirtió en sobrevaloración de la razón. El ángel de otro mundo se convirtió en el ángel de este mundo. Se da de lado en todo esto que el hombre es siempre en un mundo y con los otros. El hombre del individualismo no es real, no tiene mundo y no tiene comunidad.

El planteamiento tradicional comunitario no parte de una subjetividad inflada, sino de la relación entre un hombre –finito y sociable– con su mundo. En el hecho de que el hombre sea finito hay rasgos realistas a tener en cuenta. A saber: nos morimos y tenemos que organizar nuestra vida en la tierra. La tierra no es un mero conjunto de objetos a disposición de la técnica para un sujeto dominador, es el ámbito en el que habitamos. Los otros no son individuos con los que tengo que pactar para que no me fastidien, son miembros de la comunidad. Existimos dentro de un conjunto de relaciones delicadas que han desaparecido en el atomismo individualista. Este conjunto de relaciones esconde a Díke, la vieja diosa de la justicia. Sigue estando ahí. Los dioses han huido, pero no se han aniquilado.

Todo fluye.

Eugenio Gil

Publicado por Eugenio Gil en 23:49

FUENTE:

Ahora vivimos en el más absoluto individualismo. Pero, aunque no se lo crean, hubo un tiempo en el que la comunidad tenía valor por encima del individuo. Este era el tiempo de los griegos y los romanos. El mundo de la vida griego y romano era en bloque comunitario. El individuo estaba en función de la comunidad y no la comunidad en función del individuo. Vivir en el sentido de la vida plena del hombre se entendía entonces como existencia con los otros dentro de la estructura de la comunidad. Veamos esto en Platón y Aristóteles. Los textos pertinentes al respecto son Platón, República especialmente los libros II y IV y Aristóteles Política, libros I y III.

Platón dice en boca de Sócrates en el libro II de la República que la pólis nace cuando los individuos no se bastan a sí mismos, sino que necesitan de muchas cosas. Las necesidades mínimas son el alimento, la vivienda y el vestido. Necesitaremos por tanto agricultores, ganaderos, albañiles y tejedores. Y no todos valen para todo. a unos se les da mejor el pensamiento, a otros la acción. Es mejor que cada uno se ocupe solo de aquello para lo cual está dotado por naturaleza. Una persona desperdigada en varias ocupaciones no hará bien ninguna.

La base de la comunidad armónica es la complementación entre la desigualdad natural y la necesidad que todos tenemos de una serie de objetos. El bien común se construye sobre la desigualdad de funciones. En un sentido importante, una comunidad no se basa en la igualdad, sino en la desigualdad. Es esa desigualdad la que permite el hecho de que un objeto sea producido de la mejor manera posible. La pólis es la comunidad que cubre las necesidades mutuas según las habilidades personales, en vistas a un auxilio en común. El equilibrio/complementación/bien común se logra cuando el artesano se dedica a producir, el filósofo a pensar y el guerrero a pelear: “El Estado es justo por el hecho de que las tres clases que existen en él hacen cada uno lo suyo” (República, libro IV, 441 d-e). La justicia consiste en que cada uno haga lo que tiene que hacer dentro de la pólis.

El planteamiento es comunitario. Por una parte, no se concibe al hombre como un átomo suelto, sino como un miembro de una estructura en la que cumple una función. Un individuo suelto cubriría mal muchas de sus necesidades y llevaría una vida deficiente. Solo se puede vivir de manera plena dentro del equilibrio de la pólis. Por otra parte, el auxilio en común requiere una participación activa. Hay que participar y compartir para ser ciudadano de la pólis. Platón utiliza el término koinonía, que significa comunidad, participación, asociación, alianza y empatía. La koinonía no es un mero contrato artificial voluntario que se pueda coger o dejar, es algo más constitutivo y por naturaleza.

La justicia es el hilo conductor y justicia, en Platón, es armonía. De ninguna manera se está hablando aquí de la preponderancia de una clase sobre otra, sino del equilibrio entre ellas.

Platón se alejó de la tradición griega en algunos puntos como la postulación de un mundo sobrenatural que dirige el ser desde el deber ser, pero no en este punto de que el hombre vive en comunidad.

Aristóteles piensa algo parecido respecto a la fundación de la pólis en la desigualdad de funciones y respecto a la relación entre el individuo y la comunidad.

“No solo la ciudad está compuesta de una pluralidad de hombres, sino que también difieren de modo específico. Una ciudad no resulta de individuos semejantes. Una cosa es la alianza militar y otra la ciudad. La primera es útil por la cantidad, aunque haya identidad de clase … Pero los elementos de los que debe resultar una ciudad difieren específicamente” (Política, libro II, 1261 a)

Si en una pólis vivieran solo hombres muy semejantes, por ejemplo, si fueran todos guerreros, nadie se ocuparía de las otras muchas tareas que hay que llevar a cabo. En realidad, no sería una pólis. Es necesario una diversidad de individuos y de habilidades: “La pólis es por naturaleza una cierta pluralidad” (Política, libro II, 1261 a) de personas que se complementa para el auxilio en común.

“La comunidad perfecta de varias aldeas es la pólis, que tiene ya, por así decirlo, el nivel más alto de autosuficiencia, que nació a causa de las necesidades de la vida, pero que subsiste para el vivir bien” Política, Libro I, 1252 b

El individuo no es suficiente, necesita la familia. La familia no es suficiente, necesita la aldea. La aldea no es suficiente, necesita la pólis. La pólis si es suficiente. ¿Suficiente para qué? Para vivir bien. ¿Y qué significa vivir bien? Vivir una vida humana en plenitud. El hombre es un animal comunitario por naturaleza, está hecho para vivir en la pólis.

Respecto a la relación del individuo con la comunidad, Aristóteles es todavía más comunitario, si cabe, que Platón:

“Por naturaleza, pues, la ciudad es anterior a la casa y a cada uno de nosotros, porque el todo es necesariamente anterior a la parte. En efecto, destruido el todo, ya no habrá ni pie ni mano, a no ser con nombre equívoco, como se puede decir una mano de piedra: pues tal será una mano muerta. Todas las cosas se definen por su función y por sus facultades …. Es evidente que la ciudad es por naturaleza y es anterior al individuo; porque si cada uno por separado no se basta a sí mismo, se encontrará de manera semejante a las demás partes en relación al todo y el que no puede vivir en comunidad, o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la ciudad, sino una bestia o un dios” (Política, libro I, 1253 a 13-15)

La ciudad es anterior a los individuos y a las casas en el sentido metodológico de que las partes no tienen sentido sin el todo. Si matamos el todo (la organización, el sistema), ninguna de las partes se puede mantener. El individuo suelto es una ilusión. Todas las cosas se definen “en función de” su situación en la totalidad. Cuando la mano está muerta ya no está “en función de”, ni “es capaz de”, sólo le queda el nombre. Cuando el individuo está solo, está muerto en el sentido funcional y, según Aristóteles, ya no es un hombre, es una bestia o un dios. La estructura totalitaria de la comunidad es una condición necesaria para el sentido de la persona.

Para el individualismo liberal, el hombre es un yo absoluto independiente con derechos inviolables, una subjetividad que hace girar todo a su alrededor. La génesis histórica de estas ideas lleva hasta Platón y hasta el cristianismo. El hombre es un ser superior, un ser de otro mundo hecho para dominar la tierra. Del humanismo cristiano se pasó al humanismo ilustrado. La sobrevaloración del alma se convirtió en sobrevaloración de la razón. El ángel de otro mundo se convirtió en el ángel de este mundo. Se da de lado en todo esto que el hombre es siempre en un mundo y con los otros. El hombre del individualismo no es real, no tiene mundo y no tiene comunidad.

El planteamiento tradicional comunitario no parte de una subjetividad inflada, sino de la relación entre un hombre –finito y sociable– con su mundo. En el hecho de que el hombre sea finito hay rasgos realistas a tener en cuenta. A saber: nos morimos y tenemos que organizar nuestra vida en la tierra. La tierra no es un mero conjunto de objetos a disposición de la técnica para un sujeto dominador, es el ámbito en el que habitamos. Los otros no son individuos con los que tengo que pactar para que no me fastidien, son miembros de la comunidad. Existimos dentro de un conjunto de relaciones delicadas que han desaparecido en el atomismo individualista. Este conjunto de relaciones esconde a Díke, la vieja diosa de la justicia. Sigue estando ahí. Los dioses han huido, pero no se han aniquilado.

Todo fluye.

Eugenio Gil

Publicado por Eugenio Gil en 23:49

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FUENTE:

http://www.todofluyetodofluye.blogspot.com.es/2014/04/la-comunidad-en-platon-y-aristoteles.html

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