El dominio de sí mismo

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Mons Tihamer Tóth- El Joven de Carácter

El dominio de sí mismo

joven

La base de toda virtud es el dominio de sí mismo. En cuanto alguien se hace esclavo de sus instintos, pierde inmediatamente la garantía de su vida moral: el gobierno de sí mismo.

Cuando uno no se domina está a merced de las olas instantáneas de la vanidad ofendida, de la ira, del sensualismo, del orgullo… y se ve empujado y arrastrado a realizar acciones de las que a los cinco minutos se lamentará. Muchos crímenes se evitarían si los hombres aprendieran a dominarse a sí mismos. Al filósofo pagano Crates, cierto día, lo golpeó tanto el pintor Nicódromo, que se le hinchó toda la cara. ¿Sabes cuál fue la venganza de Crates? «Le pagó con otro golpe», piensas tú. No. Sobre su cara hinchada puso esta inscripción: «Es obra de Nicódromo». De esta suerte toda la ciudad vio qué ruin era el pintor por dejarse llevar tan fácilmente de la cólera.

Todos los hombres, por muy materialistas que sean, elogian al hombre en quien el espíritu triunfa de la materia. ¡Con cuánto entusiasmo acogió el mundo entero la noticia de la llegada al Polo Sur, después de muchas privaciones, de Amundsen, el viajero impertérrito de los Polos! ¡Y qué sincera fue también la compasión cuando el mundo se enteró de que Shakalton había muerto helado, unas millas antes de llegar a su término!… ¿Qué es lo que celebra la Humanidad en estos descubridores? Estos hombres no abrieron ninguna mina de diamantes, no inventaron máquinas nuevas. ; celebra en ellos el triunfo del espíritu sobre las fuerzas del cuerpo, el heroísmo de su espíritu emprendedor.

Un día me encontré por la calle a un niño que lloraba. Durante días había trabajado con esmero en hacer una hermosa cometa y cuando la soltó se quedó prendida en un tendido eléctrico. La bonita cometa se retorcía y se hacía pedazos a merced del viento. Hay muchos jóvenes también que llegarían muy alto si no quedasen prendidos en las redes de sus pasiones no dominadas.

Contra corriente

Quien vive con entereza sus convicciones, despreciando la ironía y el respeto humano —el «que dirán» de los demás—, es un joven de carácter.

Daniel a la edad de catorce años, cayó cautivo y llegó a la corte del rey Nabucodonosor. Ya puedes imaginarte que lujo y seducción deslumbrante le rodeaban. ¿Y cuál fue su lema? «Yo permaneceré fiel a mi Dios». La tentación duró tres años, y el permaneció limpio de alma en medio de todas las seducciones del palacio del rey. ¡Era un joven de carácter!

No temas tanto la opinión de los demás. Si levantas la voz con valentía en defensa de tus principios, verás no una, sino muchas veces, cómo va retrocediendo tu enemigo.

En las algunas ciudades de origen medieval pueden verse con frecuencia ruinas de fortalezas o de castillos antiguos. Cuando todo el edificio ya está desmoronado, la torre sigue desafiando aún años y más años la fuerza destructora del tiempo. Estas torres seculares permanecen cuando a sus pies todo se agita en medio del ajetreo de la vida. Parecen la viva imagen del carácter firme: a sus pies todo cambia, se inclina, se adapta, se vende, se compra, pero ellas no ceden en sus principios. Si esta torre ha permanecido como la defensa más fuerte del castillo, así también hoy el hombre de carácter es la columna más poderosa de la sociedad humana. Parece que esta torre nos dice a todos: «Miradme, yo no fui edificada en un solo día; ¡cuántos bloques de piedra tuvieron que ponerse uno sobre otro!, y ¡con cuánta fatiga, con qué voluntad, a costa de cuántos sudores!; pero ahora vedme aquí venciendo los siglos.»

Para edificar la torre se necesitaron años, quizá decenas de años, y tú, ¿quieres hacerte hombre de carácter en un solo día?

Y mientras estoy mirando la torre del castillo, veo algo en la cúspide que está moviéndose de continuo. Ya se vuelve hacia acá, ya gira hacia allá… es la veleta. No tiene dirección fija, no tiene base sólida, casi diría: no tiene principios, no tiene carácter. Porque si lo tuviera, en vano le cantaría el viento sus canciones al oído. Negar los principios, ceder en la propia convicción, porque así resulta más cómodo, porque así se puede hacer una carrera más brillante, porque en el mundo entero sopla el viento en esta dirección, es lo propio de la veleta. Pues bien, medítalo: ¿qué quieres ser, torre o veleta? ¿El cobarde esclavo del respeto humano o un hombre verdaderamente libre?

La prueba de la mayoría

Aunque todo el mundo hiciese el mal, ¿sabrías conservarte tú sin mancharte? Si en tu centro educativo todos aspirasen únicamente a disfrutar de la vida, ¿podrías tú permanecer firme en tus nobles ideales? ¿Y si todos mintiesen porque resultase ventajoso? Permanecerías fiel a la verdad aunque te crease problemas.

La conciencia suele llamarse la voz de Dios, y con razón. ¿Quién no ha oído alguna vez en su interior esta palabra? Cuando el joven está a punto de pecar, oye en su interior una voz que lo amonesta: «¡No lo hagas, no lo hagas!»

Si quieres ser libre, acostúmbrate a seguir incondicionalmente la voz de tu conciencia. No temas a nadie. Teme tan sólo a tu conciencia. No encaja con el carácter el abandonar por miramientos humanos, por miedo a habladurías o a la ironía, lo que aprueba tu conciencia.

El joven que no se atreve a rezar o no se arrodilla en la iglesia porque «otros lo ven», es prisionero del respeto humano. Mas el verdadero carácter significa una voluntad fuerte, guiada por una conciencia delicada. Quien al hacer algo espía con miedo lo que dirá el otro, no tiene voluntad y su carácter todavía no está formado. Igual que quien se deja llevar sólo de lo agradable sin tener en cuenta si es bueno o malo. Piensa que la mejor ayuda para dormir, la mejor almohada, es una buena conciencia.

El mártir San Pedro de Verona fue muerto a puñaladas por su fe. Después de los primero golpes gritó con tesón: «¡Creo!». Cuando, cubierto de sangre, ya no pudo articular palabra, con su dedo teñido en la propia sangre escribió en elsuelo: «¡Creo!». Era un hombre de carácter porque era coherente con su fe.

CONTINUARÁ

FUENTE:

https://radiocristiandad.wordpress.com/2016/09/14/mons-tihamer-toth-el-joven-de-caracter-5/#more-47206

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