21 de julio de 2018 by

…las mujeres hermosas no son políticamente correctas…
21 de julio de 2018 by hirania
“EL MANIFIESTO” publica un artículo de Javier R. Portella a propósito de las normas que pretenden regular administrativamente las relaciones naturales y espontáneas entre hombre y mujer.

El articulista señala que la neogazmoñería ….quiere que el piropo sea delito y en este sentido, añade, hasta la FIFA prohibe a las televisiones imágenes con los rostros de las hermosas mujeres seguidoras de sus equipos de futbol”

Una hermosa seguidora croata. Éste es el tipo de imágenes que la FIFA acaba de prohibir.

SERTORIUS (Cáceres) comenta:

…la antigua mojigatería tenía un fin: mantener la pureza de la estirpe y reproducir la sociedad de una manera ordenada para que perdurara a través de las generaciones.
La actual mojigatería busca impedir la reproducción de la sociedad, la desaparición de los linajes y la aniquilación de los pueblos.
Una sociedad no puede llegar lejos sin decencia.
Por otro lado el feminismo está empeñado en proscribir la belleza femenina. Esto es una cruzada contra la hermosura. Nada refleja mejor la degeneración y degradación de nuestra época que el perseguir a las mujeres bellas. Inaudito. No creo que haya pasado nunca ni en la más bestial manada de australopitecos. Kali Yuga en estado puro.
Y nada feo puede ser bueno. Kalós kai agathós. Quien proscribe a la belleza muestra toda la pestilencia de su alma.

FUENTE:

https://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=6045

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Sudafrica: la decadencia del país que fue el más prospero de Africa

18 de julio de 2018 by

Por supuesto, con un titular equívoco (“Saqueo a la herencia de Mandela”), el diario “El Mundo” (Madrid, 18 julio 2018 /págs. 20 y 21) publica un reportaje sobre la “corrupción, la segregación, la pobreza y la criminalidad” de la Sudáfrica actual, la que está gobernada por el partido de Nelson Mandela, el “Congreso Nacional Africano”.

El siguiente texto es copia de distintos párrafos del citado reportaje, publicado por Carolina Valdehita:

Cien años después del nacimiento del legendario presidente de Sudáfrica, la corrupción, la segregación, la pobreza y la criminalidad empañan su legado.
CAROLINA VALDEHÍTA
El 14 de febrero Jacob Zuma cedía a las presiones de su partido y anunciaba su dimisión como presidente de Sudáfrica, en un intento desesperado para salvar al Congreso Nacional Africano (CNA) de un nuevo batacazo político como el ocurrido en las elecciones regionales de 2016. Le sucedía Cyril Ramaphosa, un hombre de negocios que se había hecho a sí mismo y que parecía la antítesis de su predecesor, condenado por utilizar casi 23 millones de dólares de fondos públicos para realizar varias reformas en su vivienda privada en la región de Nkandla, y acusado de amiguismo y corrupción generalizadas.

[…] Ramaphosa se erigía así como la única esperanza del CNA para recuperar el status de partido único, en el poder desde 1994.
[…] Otra de las críticas que recibe el legado de Mandela es que Sudáfrica continúa siendo el país del mundo con el mayor número de casos de VIH, que actualmente afecta a 7,1 millones de sudafricanos (un 18,9% de la sociedad). Y no solo eso, tanto los ex presidentes Thabo Mbeki como Jacob Zuma han realizado campañas nefastas para erradicar la enfermedad, tanto negando la persistencia del virus o menospreciando su la facilidad de transmisión.
Es innegable que Sudáfrica es uno de los países más tolerantes y abiertos del continente y el que tiene las ideas más progresistas. Diferentes religiones conviven en armonía, el aborto no está ilegalizado y está permitido el matrimonio entre personas del mismo sexo. Además, es uno de los motores principales del continente y de los más ricos junto a Nigeria y Angola. Sudáfrica es un país industrializado con inversores de todas partes del mundo y con unas infraestructuras dignas de envidiar.
La agrupación de la sociedad es otra de las cuestiones que no lograron solventarse durante la era post apartheid. Los barrios continúan segregados entre blancos, mestizos, negros e inmigrantes y el 60% del capital está controlado por el 10% de la población blanca. Los blancos siguen ocupando los puestos de mayor responsabilidad y cobrando salarios hasta seis veces más elevados que los negros, en su mayoría empleados en el sector servicios y en su mayoría poco participativos en el ocio, disfrutado en su mayoría por blancos, indios y turistas.
La criminalidad sigue siendo un tema preocupante en el país, donde, según fuentes policiales, se sigue cometiendo una media de 50 asesinatos cada día, mientras que organizaciones de mujeres estiman que 3.600 féminas sufren algún tipo de agresión sexual a diario, a pesar de que el gobierno asegura que las violaciones han disminuido un 4,1%. Ramaphosa ha de convencer a las agencias de calificación y a los inversores externos para fomentar el crecimiento económico y reducir el paro, que actualmente está en el 27% oficial, pero cuyas cifras reales son mayores, además de que necesita abordar con urgencia la desigualdad y la pobreza que crean inestabilidad y alejan la inversión.

FUENTE:
http://www.elmundo.es/internacional/2018/07/18/5b476957468aeb90628b4709.html
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COMENTARIOS: (Estos comentarios sólo se publican en la edición digital de “El Mundo”)
mason33
18/07/2018 02:49
Tengo amigos sudafricanos blancos que se marcharon de SUdafrica cuando Mandela tomo el poder y vuelven al pais de vez en cuando por todavie tener familia allí y me cuentan horrores en como ha cambiado todo. Es increible lo que era Sudafrica entonces y como la estan dejando esta gente. Ahora hay mas segregacion que antes mas suciedad, mas criminalidad, mas pobreza, peor educacion. Alguien tiene que tener la culpa o no?

destrozeitor
18/07/2018 05:10
Parece mentira. Un país con la mayor producción de oro y diamantes del mundo. Uranio etc. Donde se hizo el primer trasplante de corazón. Perdido ahora en guerras tribales.
redios6
18/07/2018 08:18
El problema del África negra es que son exageradamente cortoplacistas, no piensan en su futuro más allá de la semana que viene. Y no se me entienda mal, no es un problema de raza, sino cultural. Por eso África siempre ha tenido economia de subsistencia. Seguro que los blancos hicieron cosas muy malas en el pasado, pero si ahora tienen los mejores trabajos y controlan la economía es precisamente porque piensan a largo plazo.
mnavarti
18/07/2018 08:18
Espero que algún día los medios de comunicación saquen la verdad de lo que ha pasado en ese país desde que la ANC llegó al poder. Cambio de blancos por negros en todos los estamentos del estado sin ningún pudor (administraciones, seguridad, política, defensa, etc.) Migración de blancos sudafricanos al resto del mundo por cerrarse la oportunidad en su país. Corrupción de la ANC a unos niveles escandalosos e inimaginables…y así un largo etc. Conocí la Sudáfrica 6 meses antes de que mándela llegara al poder y conozco la de ahora. Está todo igual en infraestructura. Carreteras, puentes, edificios, hospitales, colegios. Es como el tiempo se hubiera detenido en ese año. Cualquier inversión nueva es de ámbito privado. Donde destina la ANC el dinero que recauda??? Y no voy a decir más porque me van a tachar de racista, pero es la realidad.
lewis
18/07/2018 08:34
@mason33 #1 También tengo amigos y conocidos que han abandonado o piensan abandonar el pais. Algunos piensan emigrar a Australia y Nueva Zelanda, otros a Canadá e incluso a Rusia e Ucrania. Ninguno a Europa porque piensan que pasará lo mismo que está pasando en Sud Africa y por norma, en el resto del continente africano. Tomar nota de cómo tratan a los inmigrantes de su mismo color. Pero a los blancos nos llaman racistas.
zoilocua
18/07/2018 09:17
Una de las expresiones más curiosas del paternalismo occidental progre: Todos los problemas de los africanos son responsabilidad del colonialismo (europeo, nunca arabe) aunque se hayan independizado hace 60 años, y el racismo, los prejuicios, el clasismo y la oligarquía solo la ejercen los blancos sobre los negros. La peor consecuencia del colonialismo ha sido dejarles en manos de dirigentes marxistas educados por la izquierda en Paris y Moscú. De eso tardarán aún décadas en recuperarse.
zoilocua
18/07/2018 10:28
El justamente denostado Apartheid fue un error sociopolítico serio, pero de consecuencias humanas y sociales mucho menores que cualquiera de los grandes experimentos comunistas mundiales, indultados con lenidad en nombre de la sublime teoría marxista. Ello no debe hacer olvidar que la Sudáfrica actual es obra de la tenacidad, estoicismo y esfuerzo emprendedor de unos miles de europeos perseguidos, que levantaron en cinco siglos de esfuerzo un país inmensamente próspero. Ellos son TAN AFRICANOS como los zulúes, que fueron parte de una violenta expansión imperial bantú, desde el norte, que conquistó y arrasó a todas las etnias locales y aún hoy las discrimina.

Ebusus
18/07/2018 10:48
Nadie en los medios se quiere acordar de los miles de asesinatos que están teniendo lugar desde hace unos años entre los agricultores blancos en este pais. Ahora les quieren expropiar a la fuerza sin indemnización esas tierras que llevan cinco siglos trabajando. Nadie quiere señalar que los Zulues fueron invasores ellos mismos sobre otros grupos étnicos en Sudafrica. El lema con el que los medios están de acuerdo es el Africa para los negros pero son luego los mismos que niegan una Europa para occidentales.

fredericK24
18/07/2018 11:07
@mason33 #1 la culpa la tienen los negros que han tomado el poder, sudafrica ha pasado de una potencia que enriquece uranio a ser un tercermundista, el blanco construyo un pais al mismo estilo que australia y ahora se ha convertido un un pais africano como el resto del continente, si todavia sobresalen es porque todavia no consiguieron destruir toda la industria e infrastructura, pero van de camino.

fredericK24
18/07/2018 11:11
@mnavarti #6 amigo mio di lo que piensas yo soy negro y recibi educacion de gente blanca, eso me ha ayudado a superar perjuicios, yo conozco sudafrica y los negros que gobiernan desde mandela se han dedicado a destruir un pais que el blanco hizo un paraiso en africa.

sanchopanza
18/07/2018 11:30
¿Nada que decir de los 45 asesinatos diarios, muchos de ellos de granjeros blancos? ¿Nada que decir de la prohibición de que los blancos ocupen determinados puestos de trabajo? ¿Ni de los miles de blancos que ya se han huido a otros países -Australia, Rusia, que les regala tierras para que empiecen de nuevo…-)? No, por supuesto que No. Un recuerdo también a los nigerianos cristianos que están siendo masacrados impunemente por nigerianos de la religión de la paz ante el silencio cómplice de los medios occidentales.
Allan
18/07/2018 12:15
Sudafrica era un pais tan avanzado como Australia y ahora es poco mas que Senegal. Era el productor mundial de combustible limpio a partir de gas natural (SASOL). Las Elites del mundo decidieron hundirlo promocionando a un buen hombre cuyo unico merito fue ser un buen hombre. Todos recordamos los 90 con propaganda diaria contra el mal llamado Appartheid (que en realidad era un documento que acreditaba el origen y lengua del individuo, no una cartilla que convertia en ciudadano de segunda). Hubo una campaña de acomplejamiento sobre el ciudadano Sudafricano que sigue hoy en dia y le les castran a la hora de exigir igualdad. Eso no fue mas que el ensayo previo a lo que esas Elites quieren hacer con Europa en menos tiempo del que creemos, o despertamos, o nos cazaran como estan haciendo con los pocos blancos valientes que quedan en ese agujero
Un_Rebelde_Conservador
18/07/2018 12:36
¿ Por qué no habláis de la huida en masa de blancos por persecución tanto económica como política de parte de la población negra ? ¿ Teméis perder el mito de la convivencia de blancos y negros en sudafrica ? Deberia daros vergüenza.
gus
18/07/2018 18:24
la inmensa mayoría de los negros llegaron a sudafrica después que los blancos, los que estaban de antes eran los bosquimanos y esos no son ni el 15 de la población negra actual, decir que los negros estaban antes es mentir, sobre todo los zulúes llegaron después que los blancos y eran unos crueles invasores.
FUENTE:
http://www.elmundo.es/internacional/2018/07/18/5b476957468aeb90628b4709.html

Fiesta en el “Aquarius”…

18 de junio de 2018 by

INVASIONES FUERA; DENTRO: ABORTOS MENTIRAS Y ODIO. TÁCTICAS DEL ANTICRISTO.

18 de junio de 2018 by

INVASIONES FUERA; DENTRO: ABORTOS MENTIRAS Y ODIO. TACTICAS DEL ANTICRISTO.

El Vaticano trajo el caos en comandita con la gentuza de Soros, los mundialistas apátridas,  obedeciendo consignas de la marranería. En Valencia estaba el indefectible P Ángel con su sonrisa mefistofélica y cara de no haber nunca roto un plato, dando el guelcom a los refiuyis: quería salir en la foto. Ese páter es un diablo- De efecto llamada hablan los periódico,s pero los que vienen no son unos pobrecitos que arriban desnudos en arambeles; llegan con su celular, con una buena cartera después de haber pagado a las  mafias tres mil euros del ala y todo  son niños solos infantes de teta, y también violadores (ya se relamen algunas españolas como la Griso y otras reinas de las mañanas a las que no cubren como es debido sus chorbos y maridos) con una cimitarra escondida en la chilaba. Siento asco de mi país con las iglesias profanadas o vendidas a las inmobiliarias y los curas y los obispos haciendo reverencias a los moros. Son los judíos los que marcan la muesca de esta infame tarja. Pronto acabaremos la hogaza y se terminará el culto de nuestros mayores. Yo aprendí de niño que la única religión verdadera es la católica y que fuera de la iglesia no hay salvación pero ahora nos dicen que esa bandera es la de todos. Aquí nadie ha dicho que la desolación de las cristiandades ha sido convertidas en conciliábulos al de por junto de la sinagoga con la mezquita.

Únicamente Putin, líder perspicuo, se ha dado cuenta de que viene la Apocalipsis disfrazado de piel de cordero y derechos humanos y ha prohibido a las oenejes en territorio ruso.

El Kremlin no ha querido chupar del caramelo envenenado que le ofrecieron los talmudistas. Muchos españoles nos sentimos indignados ante las barbaridades cometidas por Perico Sanchez y su musa gumia, esa Margarita Robles, la de los caídos papos y el juez Marlcasca, que es marica.

Si por mí fuera yo mandaría a Siberia al P. Ángel y a todos los suyos y que se ahorque colgándose de una  de esas corbatas rojas que se pone para chupar cámara el maldito cura trabucaire asturiano.

Y que abdique el papa Francisco de la cátedra de san Pedro. Que la alcaldesa Carmena se cambie de bragas pues va por el mundo con la pandereta tinta en cazcarrias miserables. El  obispo de Roma es indigno. Argentino es el fulano. Nunca se vio que un pontífice no condene la interrupción de un embarazo. Francisco I acaba de hacerse abortista y las madres de la plaza de Mayo van gritando por la calle Corrientes, “Vuestros rosarios en nuestros ovarios”. Y Su Santidad imparte a esas víboras su bendición pontifical. ¡Bochornoso! algo vale que resguárdome en mi fe. Este papa pasará. La palabra de Cristo no pasará. Pater Sancte sic transit gloria mundi.


Fuente:

https://antonioparragalindo.blogspot.com/2018/06/bochornoso-lo-de-valencia.html


Por otra parte, en http://www.infovaticana.com  se publica este comentario:

“No es inmigración, es esclavismo”

COMO CATÓLICO, LE ASOMBRA QUE “LOS OBISPOS DEL LLAMADO TERCER MUNDO ESTÉN CONTRA ESTA FALSA INMIGRACIÓN Y HAGAN TODO LO QUE PUEDEN POR INFORMAR A SUS FIELES Y EN CAMBIO EL EPISCOPADO ITALIANO LA FOMENTE”.

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“Yo, inmigrante e italiano, os digo que esto es esclavismo”. Palabras duras de un senador del partido ‘xenófobo’ Liga Norte, que junto al Movimiento 5 Estrellas ha logrado formar una coalición de gobierno en Italia. Pero es difícil desestimar las palabras del senador como otra confirmación del ‘racismo’ soterrado de los nuevos gobernantes italianos, porque se trata de Toni Iwobi, nacido en Nigeria.
Iwobi ha concedido una entrevista a la publicación italiana La Nuova Bussola Quotidiana en la que defiende la postura restrictiva del nuevo gobierno desde una perspectiva poco usual: la africana, la de los propios supuestos beneficiados con la apertura de fronteras.
“Esta no es la inmigración que yo he vivido, es esclavismo”, asegura a la Bussola el senador, hablando de un África nativa “privada de sus mejores recursos humanos” y asegurando que quienes defienden la apertura indiscriminada de fronteras “no comprenden la explotación del hombre que se esconde tras estas oleadas”.
Iwobi fue el encargado de explicar en el Senado la negativa del Gobierno a permitir que el Aquarius desembarcarse su carga humana en Italia, y la reacción generalizada en la Cámara Alta fue el silencio: ¿quién se atreve a llevarle la contraria en este asunto al primer senador africano de Italia, inmigrante él mismo? Iwobi, llegado a Italia a estudiar en 1975, es el ejemplo perfecto de la diferencia entre lo que se entendía hace no muchos años por inmigración y lo que pasa hoy por ese nombre.
Iwobi es la desesperación de los defensores del discurso progresista. Hoy es italiano, naturalmente, pero se niega a perder su condición de inmigrante, un inmigrante que llegó “con todos los papeles en regla” y se sometió a los controles legales sin problemas, respetando en todo momento la legalidad de su país de adopción. Su idea era estudiar en Italia y volver a Nigeria, pero encontró a la que sería su mujer y decidió quedarse. Y hoy es, para confusión de muchos, el primer senador negro del país, en representación de un partido rutinariamente acusado de racista. Para acabar de ‘estropear’ la narrativa, asegura no haber encontrado nunca racismo en Italia: “Si respetas, encuentras respeto”, dice.
Cuando le echan en cara que se oponga a la llegada de las pateras y los barcos de rescate habiendo sido él mismo inmigrante, el senador liguista responde que “esto no es inmigración, es esclavismo”. Y puntualiza: “Antaño partían esclavos de África hacia las plantaciones de algodón, hoy la motivación es la mano de obra barata y la explotación de la prostitución”.
Y si la historia se repite, pasando del esclavismo descarado a otro encubierto, también lo hace el colonialismo, asegura el senador. “África ha sido privada de sus mejores recursos; antes, los recursos naturales y hoy, sus recursos humanos. Quien llega aquí lo hace engañado, víctima de una estafa”.
Iwobi, que no ha perdido sus lazos con su Nigeria natal, llama la atención sobre un aspecto que los globalistas no suelen tratar en este debate: la perspectiva de los países de origen. Quienes aseguran querer ayudar a los africanos, insiste, deberían concentrarse en programas de ayuda al desarrollo de estos países, no en privarles de sus jóvenes.
Como católico, le asombra que “los obispos del llamado Tercer Mundo estén contra esta falsa inmigración y hagan todo lo que pueden por informar a sus fieles y en cambio el episcopado italiano la fomente”.
FUENTE:

…una civilización en descomposición…

12 de junio de 2018 by

Aquí vemos tres escenas… la primera, en blanco y negro, es una imágen de la ciudad de Buenos Aires en 1950. Gobernaba el Presidente Domingo Perón… Argentina era una “gran potencia” económica… Hoy, en 2018, dos jóvenes, también en Buenos Aires, representan por su aspecto una sociedad que no cree es sí misma ni en su futuro, pues se cuestiona algo tan elemental como la propia supervivencia biológica…: Cuando un hombre y una mujer no aceptan el derecho a nacer del embrión que han engendrado… lo que están negando es su propio derecho a seguir viviendo… pues alguién con poderes ilegítimos, por ejemplo, el “Big Brother” del poder oculto, podría decretar su muerte civil o física, mediante imposiciones “eutanásicas”, “farmacéuticos” o incluso alimentos manipulados.
Por último, la pareja, aparentemente normal, de la tercera fotografía, representa un irrelevante instante de uno entre tantísimos videos que emiten empresas generalmente radicadas en Hollywood, con fondo “musical” y sin lenguaje hablado, pero con mensajes subliminares, adoctrinando, en tendencias como ideología de género, indiferentismo ético, ausencia de valores heróicos, patrióticos, o meramente familiares y solidarios.

GOTT UND DIE WELT / Joseph Ratzinger (0)

27 de mayo de 2018 by

https://es.scribd.com/doc/217117950/Dios-y-El-Mundo-Joseph-Ratzinger-pdf

INTRODUCCIÓN (0)

p. 11 p. 04

Dios, Esperanza, Amor

Eminencia, ¿también usted tiene a veces miedo de Dios?
Yo no lo llamaría miedo. Sabemos por Cristo cómo es Dios, que nos ama. Y Él sabe cómo somos nosotros. Sabe que somos carne. Y polvo. Por eso acepta nuestra debilidad. […].
Se dice que los católicos rebosan sentimientos de culpa frente a Dios.
Yo creo que los católicos están invadidos sobre todo por el gran sentimiento de indulgencia de Dios. Observemos el arte del barroco o del rococó. Desprenden una gran alegría. De típicas naciones católicas como Italia o España se dice,no sin razón, que poseen una ligereza interna. […].
En mi opinión, en las personas que viven la fe de la Iglesia predomina en última instancia la conciencia de la salvación: ¡Dios no nos abandonará! p.12
p. 16
[…] El estoico Séneca dijo: «La compasión es algo abominable». Por el contrario, si contemplamos a Cristo, Él es el que compadece, y eso nos lo hace valioso. La compasión, la vulnerabilidad también forman parte del cristiano. Hay que aprender a aceptarlas heridas, a vivir herido y a encontrar finalmente en ellas una salvación más profunda. […].
Usted dijo una vez: «Si el ser humano sólo confía en lo que ven sus ojos, en realidad está ciego…»
.… porque limita su horizonte de manera que se le escapa precisamente lo esencial. Porque tampoco tiene en cuenta su inteligencia. Las cosas realmente importantes no las ve con los ojos de los sentidos, y en esa medida aún no se apercibe bien de que es capaz de ver más allá de lo directamente perceptible. […].
p. 17
UNA IMAGEN DE DIOS
Mi hijo pequeño me pregunta a veces: «Oye, papá, ¿cómo es Dios?».
Yo le contestaría diciendo que uno se puede imaginar a Dios tal como lo conocemos a través de Jesucristo. Cristo dijo una vez: «Quien me ve a mí, ve al Padre».Y si después se analiza toda la historia de Jesús, empezando por el pesebre,por su actuación pública, por sus grandes y conmovedoras palabras, hasta llegar a la última cena, a la cruz, a la resurrección y a la misión del apostolado… entonces uno puede atisbar el rostro de Dios. Un rostro por una parte serio y grande. Que desborda con creces nuestra medida. Pero, en última instancia, el rasgo característico en Él es la bondad; Él nos acepta y nos quiere.
p. 18
¿Pero no dicen también que no deberíamos forjarnos ninguna imagen de Dios?
Este precepto se ha transformado en la medida en que Dios se dio a sí mismo una imagen. La Epístola a los Efesios dice de Cristo: «Él es la imagen de Dios». Y en Él se cumple plenamente lo que se dice del ser humano en la creación. […].
¿Cómo caracterizar a Jesús en unas cuantas frases?
Aquí nuestras palabras están siempre sometidas a una sobre-exigencia. Lo importante es que Jesús es el Hijo de Dios, que es Dios y al mismo tiempo verdadero hombre. Que en Él no sólo sale a nuestro encuentro la genialidad o la heroicidad humanas, sino que también trasluce a Dios. Puede decirse que en el cuerpo desgarrado de Jesús en la cruz vemos cómo es Dios, en concreto. Aquel que se entrega por nosotros hasta ese punto. […].
p. 20
«Dios te amó primero», dice la doctrina cristiana. Y te ama sin tener en cuenta tu origen o tu importancia. ¿Qué significa eso?
Esta frase debe tomarse en el sentido más literal posible y así intento hacerlo. Porque es realmente el gran motor de nuestra vida y el consuelo que necesitamos. Lo cual no es en absoluto tan extraño.
Él me amó primero, antes de que yo mismo fuese capaz de amar. Fui creado sólo porque ya me conocía y me amaba. Así que no he sido lanzado al mundo por azar, como dice Heidegger, ni me veo obligado a advertir que voy nadando por ese océano, sino que me precede un conocimiento, una idea y un amor que constituyen el fundamento de mi existencia.
Lo importante para cualquier persona, lo primero que da importancia a su vida, es saber que es amada. […].
p. 20
CRISIS DE FE
p. 25
El ser humano ¿es creyente de por sí?
A juzgar por los datos que nos proporcionan las excavaciones de la historia de la humanidad desde la prehistoria más remota, cabe afirmar que la idea de Dios siempre ha existido. Los marxistas predijeron el fin de la religión. Decían que con el final de la opresión ya no se necesitaría la medicina llamada Dios. Pero se vieron obligados a reconocer que la religión no acaba nunca, porque realmente es consustancial al ser humano. […].
p. 28
[…] Muchos sueñan con una especie de religión a la carta, […].
Recuerdo siempre las palabras de Tertuliano, que comentó una vez: «Cristo no ha dicho: “Yo soy la costumbre, sino yo soy la Verdad”». Y es que Cristo no sanciona simplemente la costumbre; al contrario, él nos arranca de las costumbres. Él desea que las abandonemos, nos exige que busquemos la verdad, lo que nos introduce en la realidad del Creador, del Salvador, de nuestro propio ser. En ese sentido, hemos de ser cautelosos con la reivindicación de la verdad en cuanto gran compromiso, pero también tener el valor de no perder la verdad, de tender hacia ella y aceptarla con agradecimiento y humildad cuando nos sea ofrecida.
p- 28

SOBRE LA DUDA
p. 30
¿Es concebible que también el Papa se vea acosado por la duda o incluso por la falta de fe?
Por la falta de fe, no, pero uno debería ya imaginarse que también sufre por las cuestiones que obstaculizan la fe. Para mí resultó inolvidable un pequeño encuentro en Múnich, cuando era capellán. Blumscheid, mi párroco de entonces, era amigo del párroco de la vecina parroquia evangélica. Un día vino Romano Guardini a impartir una conferencia y los dos párrocos lograron hablar con él. Ignoro cómo transcurrió la conversación, pero después, Blumscheid me contó, estupefacto, que Guardini había dicho que cuando uno se hace mayor la fe no se vuelve más fácil, sino más difícil. Guardini debía de tener por entonces unos sesenta y cinco o setenta años. Como es natural, la suya era la esperanza específica de una persona melancólica y que había sufrido mucho.Pero, como he dicho, la situación nunca se resuelve del todo. Por otra parte se torna algo más fácil porque también la llama de la vida se empequeñece. Pero mientras uno está de camino, está de camino.
p. 31
¿Pero sabe la Iglesia católica con absoluta seguridad cómo es Dios de verdad,qué dice y qué quiere realmente de nosotros?
La Iglesia católica sabe por la fe lo que Dios nos ha dicho a lo largo de la historia de la revelación. Como es natural, nadie -ni siquiera la misma Iglesia-logrará comprender la grandeza de lo que Dios ha dicho. Por eso la fe evoluciona. Desde sus contextos vitales, cada generación puede descubrir nuevas dimensiones que la Iglesia no ha conocido con anterioridad. El Señor mismo predice en el Evangelio según san Juan: «El Espíritu Santo os guiará hasta la verdad completa, para conocer lo que ahora de ningún modo podríais soportar». Esto significa que hay siempre un superávit, un «exceso» de revelación, no sólo respecto a lo que el individuo ha comprendido, sino también a lo que la Iglesia sabe al respecto. Por eso dicho superávit plantea un nuevo reto a cada generación.
p. 32
Ciertamente algunos piensan que el cristianismo no es tanto una religión práctica como algo para el más allá, es decir, un camino que permite reunir puntos para una cuenta en el otro mundo.
Es cierto que el más allá forma parte de la perspectiva vital del cristianismo. Sise pretendiera suprimirlo, nuestra perspectiva se convertiría en un extraño fragmento, quedaría hecha añicos. La vida humana quedaría burdamente mutilada si sólo la considerásemos desde la óptica de esos setenta u ochenta años que podemos vivir. Así surge esa extraña avidez de vida. Si la vida momentánea es lo único que puedo tener, naturalmente he de procurar sacar y acumular el máximo posible. Lo que me impide mostrar la menor consideración hacia los demás.
El más allá me proporciona las pautas y confiere a esta vida la seriedad y el peso para no tener que vivir exclusivamente en función del instante, sino de manera que al final esta vida sirva, valga algo -y no sólo para mí, sino para el conjunto-. El Dios que escucha no nos exime de responsabilidad, sino que nos enseña a ser responsables. Nos impulsa a vivir con responsabilidad lo que senos ha dado, para que de ese modo también algún día lleguemos a ser capaces de salir airosos ante Él.
p.32
Cristo dice: «Pedid y se os dará. Buscad y encontraréis. Llamad y se os abrirá». Por otro lado, cuando mi hijo, por ejemplo, está haciendo los deberes,pide ayuda a Dios. Pero, para ser sinceros, no siempre da resultado.
Se pide, por ejemplo, salud; la madre para su hijo, el marido para la esposa; se pide que un pueblo no se precipite en un tremendo error -y sabemos que no siempre es escuchado-. Para una persona que se encuentre en una situación de vida o muerte, esto puede convertirse en un gran interrogante. ¿Por qué no ha recibido respuesta, o al menos no la respuesta que pidió? ¿Por qué calla Dios?, se preguntará. ¿Por qué se aleja? ¿Por qué sucede justo lo contrario delo que yo quería?Este distanciamiento entre la promesa de Jesús y lo que experimentamos en nuestra propia vida ha hecho reflexionar a todas las generaciones, a cada individuo y, desde luego, a mí. Pero cada uno debe luchar para obtener por sí mismo una respuesta, aprendiendo finalmente a entender por qué Dios le ha hablado precisamente así.
p. 33
¿ Y qué respuesta es ésa?
San Agustín y otros grandes afirman que Dios nos da lo que es mejor para nosotros -aunque no podamos advertirlo por anticipado-. En efecto, a menudo consideramos que lo mejor para nosotros es justo lo contrario de lo que Él hace. Deberíamos aprender a aceptar y a considerar como una señal ese camino que, según nuestra experiencia y nuestro dolor, nos resulta tan penoso. […].
p. 34
¿QUEJUMBROSO COMO JOB?
p.36
Cristo dijo una vez: «Quien quiera ganar su vida, la perderá». Y sólo quien pierde su vida, quien está dispuesto a entregarla, adopta la perspectiva correcta, abriendo de ese modo la posibilidad de encontrarla. Es decir, que en última instancia he de descartar la pregunta de qué obtengo a cambio. He de aprender a darme cuenta de que es importante soltarse. He de estar dispuesto a darme.
p. 37
Eso es fácil de decir.
Sin embargo, cualquier amor humano sólo se convierte en verdaderamente enriquecedor y grande cuando estoy dispuesto a renunciar a mí mismo por esa persona, a salir de mí mismo, a entregarme. Esto es válido sobre todo en la gran escala de nuestra relación con Dios, de la que, en definitiva, derivan todas las demás relaciones.
Tengo que comenzar por dejar de mirarme, y preguntarme qué es lo que Él quiere. Tengo que empezar aprendiendo a amar, pues el amor consiste en apartar la mirada de mí mismo y dirigirla hacia Él. Si a partir de esta tendencia fundamental, en lugar de preguntarme qué es lo que puedo conseguir para mí mismo, me dejo sencillamente guiar por Él, si me pierdo realmente en Cristo, si me dejo caer, me desprendo de mí mismo, entonces me doy cuenta de que ésa es la vida correcta, porque de todos modos yo soy demasiado estrecho para mí solo. Cuando salgo al aire libre, valga la expresión, entonces y sólo entonces comienza y llega la grandeza de la vida.

Ahora seguramente se dirá que esta historia puede ser muy duradera.
Bueno, como es lógico, este camino no se recorre de la noche a la mañana.Dedicarse especialmente a conseguir una felicidad rápida no encaja con la fe.Y quizás una de las razones de la actual crisis de fe sea que queremos recoger en el acto el placer y la felicidad y no nos arriesgamos a una aventura que dura toda la vida -con la enorme confianza de que ese salto no termina en la nada sino que, por su naturaleza, es el acto de amor para el que hemos sido creados-. Y en realidad es lo único que me proporciona lo que quiero: amar y ser amado, hallando de ese modo la auténtica felicidad.

p.38
MOVER MONTAÑAS

Pero el propio Jesús dice: «Si vuestra fe sólo fuese tan grande como un grano de mostaza, diríais a esta montaña: “¡Trasládate de aquí allí!”. Y ella lo haría. Nada sería imposible para vosotros»

[…]. En realidad, Jesús alude a las montañas que obstaculizan nuestra vida. Y éstas son casi siempre mucho más importantes que las que figuran en los mapas. Esas montañas puedo superarlas, de hecho, si me pongo en las manos de Dios.

¿Gracias a una especie de autosugestión?
El acto de fe no es convencerse en cierto modo de una idea o atribuir un poder a la fe. El acto de fe consiste en confiar en que Dios está ahí y puedo ponerme en sus manos. Entonces también desaparecerá la montaña. […].
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DIOS Y LA RAZÓN

La Iglesia y sus santos subrayan que también se puede comprender,comprobar y demostrar la fe cristiana por medio de la razón. ¿Es cierto?

Sí, pero con limitaciones. Es verdad que la fe no es un entramado de imágenes cualesquiera que uno pueda forjarse a su antojo. La fe asalta nuestra inteligencia porque expone la verdad -y porque la razón está creada para la verdad-. En ese sentido, una fe irracional no es una verdadera fe cristiana.La fe desafía nuestra comprensión. Y en esta conversación también intentamos averiguar que todo eso -empezando por la idea de la creación hasta la esperanza cristiana- es una formulación inteligente que nos presenta algo razonable. En este sentido se puede demostrar que la fe también se adecua ala razón.

Precisamente los científicos han teorizado una y otra vez sobre la cuestión deDios y la fe. He traído algunas citas. Isaac Newton, por ejemplo, el fundador dela física teórica, afirmó: «La maravillosa organización y armonía del universo sólo puede haberse realizado de acuerdo con el plan de un ser omnisciente ytodopoderoso. Éste es y seguirá siendo mi conocimiento último y supremo». Augustin Louis Chaucy, matemático francés, opinaba: «Soy cristiano, lo que significa que creo en la divinidad de Cristo como Tycho de Brahe, Copérnico,Descartes, Newton, Leibnitz, Pascal… como todos los grandes astrónomos y matemáticos del pasado». Y el italiano Guglielmo Marconi, un premio Nobel al que debemos la telefonía sin hilos y, en consecuencia, la generación del teléfono móvil, lo expresó así: «Declaro con orgullo que soy creyente. Creo enel poder de la oración. Y no sólo como católico creyente, sino también como científico».

No hay duda, al hacernos cristianos no nos precipitamos en una aventura supersticiosa. Yo sólo mencionaría dos salvedades: la fe no es comprensible en el sentido de que pueda aprehenderse igual que una fórmula matemática,sino que se adentra en estratos cada vez más profundos, en la infinitud de Dios, en el misterio del amor. Dentro de ese ámbito existe un límite de lo que se puede entender únicamente pensando. Sobre todo de lo que, en cuanto seres limitados, podemos comprender y elaborar con el intelecto.Nosotros no podemos entender del todo a las demás personas porque ello implica descender a simas más profundas de lo que la razón nos permite verificar. Tampoco podemos comprender en última instancia la estructura de la materia, sino llegar siempre a un punto determinado. Tanto más razonable es la imposibilidad de someter a la inteligencia todo lo que significan Dios y su palabra, porque la superan con creces.
En este sentido, la fe tampoco es realmente demostrable. Yo no puedo decir que quien no la acepte es tonto. La fe responde a un camino vital en el que la experiencia va confirmando poco a poco la creencia, hasta que se revela plena de sentido. Es decir, que a partir de la razón existen aproximaciones que me conceden el derecho a aceptarla. Me proporcionan la certidumbre de que no me entrego a una superstición. Pero la demostrabilidad exhaustiva, como la que disponemos para las leyes físicas, no existe.

¿Cabe afirmar que es necesario ampliar el espíritu humano para conocer cada vez mejor a Dios?
[…]. Porque uno también puede ahogarse en lo meramente fáctico. Quien no consigue percibir el misterio que impera en los hechos de la naturaleza o de la historia, llena su cabeza y su corazón con un montón de cosas que acaso lo incapaciten para la profundidad y amplitud espiritual.
Dicho con otras palabras, el efecto de los grandes conocimientos científicos puede conducir por una parte a que la persona sea incapaz de ver más allá delo fáctico, hecho que limita, en definitiva, el horizonte. Por saber tanto, sólo puede seguir pensando siempre en el plano de lo fáctico, lo que le impide dar el salto al misterio. Ya sólo ve lo palpable. Y desde el punto de vista metafísico, la persona se vuelve más tonta. Pero, por otro lado, también puede ocurrir que precisamente la grandeza de la percepción, al captar los reflejos tan diversos de la inteligencia divina en la realidad, agrande y amplíe nuestra imagen de Dios y mostremos ante Él un respeto, una humildad y una admiración aún mayores.

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UNA CONTRADICCIÓN

Por un lado están los mandamientos de Dios, por otro nuestra naturaleza humana. Ambas cosas proceden de la creación. Y sin embargo cualquiera puede comprobar que, a menudo, encajan con enorme dificultad. Los malos pensamientos y las malas acciones son evidentemente humanos. En cualquier caso, esta paradoja nos conduce una y otra vez a una situación que nos desborda.

La fe cristiana está convencida de que hay una perturbación en la creación. La existencia humana no es como salió realmente de las manos del Creador. Está lastrada con un factor diferente que, además de la tendencia creada hacia Dios, también dicta otra, la de apartarse de Dios. En este sentido, el ser humano se siente desgarrado entre la adaptación original a la creación y su legado histórico.
Esta posibilidad, ya existente en la esencia de lo finito, de lo creado, se ha conformado en el curso de la historia. Por una parte el ser humano ha sido creado para el amor. Está aquí para perderse a sí mismo, para darse. Perotambién le es propio negarse, querer ser solamente él mismo. Esta tendencia se acrecienta hasta el punto de que por un lado puede amar a Dios, pero también enfadarse con él y decir: «En realidad me gustaría ser independiente,ser únicamente yo mismo».
Si nos examinamos con atención, también observaremos esta paradoja, esta tensión interna de nuestra existencia. Por una parte consideramos correcto lo que dicen los diez mandamientos. Es algo a lo que aspiramos y que nos gusta. Concretamente ser buenos con los demás, ser agradecidos, respetar la propiedad ajena, encontrar el gran amor en la relación entre los sexos que después conllevará una responsabilidad mutua que durará toda la vida, decir la verdad, no mentir. En cierto modo, ésta es una tendencia que no está solamente dirigida contra nosotros, ni es únicamente un yugo sobre nuestros hombros.

Por otra parte sentimos el hormigueo de sustraernos a ella.
Ahí está el gusto por la contradicción, la comodidad de la mentira, la tentación de la desconfianza -todo eso también existe en el ser humano por una tendencia a la destrucción, por la voluntad del no.
Esta paradoja muestra una cierta perturbación interna en el ser humano que,lisa y llanamente, le impide ser el que querría ser. «Veo lo que es bueno y lo apruebo», dijo Ovidio, el poeta latino, «y sin embargo después hago lo contrario.» Y san Pablo también afirmó en el capítulo 7 de la Epístola a los Romanos: «No hago lo que quiero, sino lo que aborrezco». A partir de eso asciende finalmente en san Pablo este grito: «¡¿Quién me redimirá de esta contradicción interna?! ». Y en este punto san Pablo comprende realmente por primera vez a Cristo -y a partir de ese instante llevó la respuesta redentora de Cristo al mundo pagano.

No obstante, hay otra contradicción externa. Es la existente entre el mensaje de alegría de ese Dios presuntamente bueno, «amable», y la verdadera situación de nuestro inundo. La consecuencia es la decepción de Dios. Muchas Personas no perciben un ápice de su efecto presuntamente salvador. Y, aveces, hasta yo pienso que acaso la fe ya no resista nuestras ideas tan desarrolladas. En realidad, Él no puede soportar la luz plena de los hechos.

Aquí se añade, a la contradicción interna de la que acabamos de hablar, el momento colectivo. Existe una conciencia colectiva que fortalece la contradicción. Que da la razón a las tendencias egoístas de alejamiento de Dios y aspira a caminos vitales en apariencia más cómodos. Cada persona no sólo vive ella misma, también es vivida siempre, es conformada o también cotentada y deformada.
Existen distintos niveles de decadencia o también de construcción de sociedades. Las comunidades pueden ser sustentadoras y encaminarme deforma que la contradicción interna se mitigue poco a poco y desaparezca. Pero por otro lado, existen las colectividades del promedio, donde uno dice, bueno,los demás también lo hacen. Se trata de sociedades donde el robo se ha vuelto normal, el soborno ya no se considera inconveniente y la mentira es la forma habitual de relación.
Las sociedades pueden tirar de la persona cada vez más hacia abajo -o ayudarla a ascender-. En el primer caso reina un predominio tal de las cuestiones materiales y una vinculación intelectual a lo meramente material que todo lo que trascienda ese materialismo parece algo superado, absurdo e inadecuado a la persona. En el segundo caso existe realmente una cierta evidencia de Dios, y es más fácil moverse hacia Él.

¿Pero por qué no debería ser la vida simplemente fácil, grata y placentera?

Como es lógico, satisfacerse con lo material, con lo palpable, con las vivencias felices que se puedan comprar y suministrar, es, por el momento, lo más sencillo. Puedo entrar en un local de diversión, y a cambio del dinero de la entrada vivir una especie de éxtasis, ahorrándome de ese modo todos los esfuerzos del difícil camino de la autorrealización y la autosuperación. Esta tentación es grandísima. La felicidad se convierte entonces en una mercancía susceptible de ser vendida y comprada. Éste es el camino más cómodo, el más rápido, la contradicción interna parece eliminada, porque la cuestión divina ya es innecesaria.

Pero también se podría considerar el estilo de vida civilizado desarrollado y absolutamente acorde con nuestro mundo moderno.

Sin embargo, también sabemos que esto se revela muy pronto como un engaño. El individuo lo nota, al final me quedo vacío, estoy agotado, y cuando caigo desde el éxtasis ya no soy capaz, en definitiva, ni de soportarme ni de soportar al mundo. En ese momento se pone de manifiesto que he sido engañado.
Lo cierto es que nunca participamos en este drama sólo personalmente, con nuestra propia intimidad, sino bajo la modalidad del nosotros. Esta forma colectiva puede dificultar o facilitar nuestro destino. La Iglesia antigua instituyó el catecumenado por este motivo. Su intención era crear una especie de sociedad alternativa en la que uno pudiera adaptarse a Dios y, mediante la convivencia con los demás, llegar poco a poco a la zona donde se podía aprender a verle. Durante el periodo que mediaba hasta el bautizo, llamado iluminación, llegaba el momento en que surgía en el individuo el conocimiento adquiriendo con ello la independencia en la fe.
Creo que hoy, en sociedades de orientación atea o agnóstico-materialista, eso se ha convertido en una nueva necesidad. Antes daba la impresión de que la Iglesia y la sociedad estaban muy identificadas. Ahora la Iglesia tiene que esforzarse de nuevo para presentar espacios alternativos donde no sólo se ofrezca el nosotros gravoso y degradante sino un nosotros que abra, que sustente al individuo y le enseñe a ver.

La cuestión es si la fe nos hace de verdad mejores, más compasivos y altruistas, menos codiciosos, menos vanidosos. Tomemos a los que el propio Dios ha elegido para la fe, a aquellas personas que por su designio sólo deberían pensar en agradar a Dios y convertirse en seres humanos casi perfectos. ¿Por qué se encuentran también entre los clérigos, entre los monjes y monjas, dosis tan elevadas de rivalidad, de envidia, de celos, de mentira y de falta de caridad? ¿Por qué su fe no los ha hecho mejores?

Esta pregunta es, de hecho, muy opresiva. En ella comprobamos de nuevo que la fe no está simplemente ahí, sino que puede contraerse o crecer, moverse por una línea ascendente y descendente. No es una garantía acabada sin más,algo que uno pueda considerar un capital desembolsado que crece y crece. La fe va siempre vinculada a una libertad muy frágil. Nosotros desearíamos que fuera diferente. Pero éste es precisamente el riesgo difícilmente comprensible de Dios, que no nos haya administrado una medicina más fuerte.
Aun cuando se comprueba que en el mundo de los creyentes existen conductas erróneas (en las que subyace siempre un debilitamiento de la fe),tampoco debemos pasar por alto el otro balance. En efecto, las historias de tantas personas sencillas, bondadosas, a las que la fe ha hecho buenas,demuestran que la fe produce efectos muy positivos. Pienso sobre todo en las personas ancianas de parroquias muy normales que han madurado gracias a la fe hasta alcanzar una enorme bondad. En los encuentros con ellas se percibe calidez, una especie de brillo interior.
Y al revés: también hemos de constatar que la sociedad, con la evaporación dela fe, se ha vuelto más dura, más violenta, más mordaz. El ambiente, esto lo ha dicho hasta un teólogo tan crítico como Vorgrimler, no ha mejorado, sino que se ha tornado más irritable y maligno.
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LO MISTERIOSO

El mundo de los cristianos es un mundo en el que lo invisible es tan natural como lo visible. Los cristianos están rodeados de ángeles y ángeles custodios.Pueden contar con la ayuda del Espíritu Santo. Pueden, si lo desean, pedir consuelo y ayuda a la Virgen María. […].

[…]. Lo cierto es que en la fe percibimos una realidad según la cual no existen únicamente las cosas palpables. De hecho, los grandes santos siguen vivos. Esa gran familia está ahí, y percibirla significa que estoy rodeado de atención y de amor. […].

Sin embargo, cada vez menos personas parecen conocer los misterios de la fe.¿Cómo ha sucedido esto?

Acaso algo en nuestra fe se había vuelto demasiado mecánico. A lo mejor también existía demasiada alienación, demasiada poca penetración íntima, tal como manifiestan las palabras de Guardini. La fe tiene que ser revivida y reencontrada en cada generación. Y a la inversa:cuando una generación ya no percibe la fe cristiana y sus poderes auxiliadores,emprende otro tipo de búsqueda, en ámbitos esotéricos, donde uno intenta procurarse ayuda con piedras y qué sé yo con qué cosas más. Es decir, se buscan nuevas formas de convocar a poderes invisibles porque el ser humano siente que podría o debería tener otros auxiliadores. […]

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¿ESTÁ TODO ESCRITO?

[…]. Dios ha creado la verdadera libertad y también permite desbaratar sus planes(aunque lo hace de una forma que siempre vuelve a crear algo nuevo). […].
[…]. El hecho de que Dios lo sepa todo y sin embargo sean posibles otros proyectos es algo que ha traído de cabeza a los más grandes filósofos y teólogos. En algún lugar terminan nuestras posibilidades, pues no somos Dios, y nuestro horizonte es, en definitiva, muy limitado.
Pero pienso que podemos entender lo inmediato: Dios tiene la historia en la mano, me tiene a mí en la mano, pero me deja la libertad de convertirme personalmente y de verdad en un amante o en renegar del amor. En este sentido, Dios no ha cifrado mi código de manera invariable, sino que ha incluido en él la posibilidad de variación que nosotros denominamos libertad.

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¿SON REALES LOS MILAGROS?

La fe siempre considera posibles los milagros, y ya en vida de los apóstoles seles ofreció mucho dinero por revelar el secreto de su poder milagrero. […].

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¿DIOS Sí, IGLESIA NO?

El vocablo griego del que deriva iglesia significa en sentido original: “La que pertenece al Señor”. ¿Quiere decir esto que la Iglesia pertenece al mismo Dios?

Exacto. Ekklesía significa “llamar”, “la llamada”. La palabra, en su significado técnico, quiere decir `asamblea’, que un el ámbito griego se refería a la asamblea del pueblo de las democracias de entonces. […]. En ese sentido significa “los convocados por Dios”, aquellos que están reunidos con Él, los que pertenecen a Dios y saben que Él está entre ellos.
[…].
p. 58
Seguramente nunca se le habrá pasado por la cabeza abandonar la Iglesia.¿No existe nada en ella que le moleste o incluso le irrite?

En efecto, jamás se me ocurriría abandonar la Iglesia, pues, a decir verdad, es mi patria más íntima. Estoy tan fundido con ella desde que nací que sin ella en cierto modo me partiría en dos, incluso me destruiría.
Pero, como es natural, en conjunto siempre hay cuestiones que le irritan a uno.Empieza en la iglesia local y puede llegar hasta el ámbito del gobierno global de la Iglesia, en el que trabajo ahora. Siempre hay personas y cosas molestas. Pero uno tampoco se separa de su familia por mucho que se enfade; y menos cuando el amor que te une con los demás es más fuerte; cuando es la fuerza original que sustenta tu vida.

p. 60
«Dios sí, Iglesia no» se ha convertido en un lema habitual. San Cipriano,obispo de Cartago (zoo-zs8), dijo a este respecto: «Fuera de la Iglesia no hay salvación», pues «quien no tiene por madre a la Iglesia no puede tener por padre a Dios». Estas palabras, ¿siguen siendo válidas hoy?
No, si las entendemos como que todos los no cristianos están condenados al infierno. Pero significa que, en cierto modo, uno necesita a la madre aunque no la conozca, la comunidad que te alumbra la fe y te entrega a Dios. San Cipriano habla de la relación entre Dios y la Iglesia en el contexto de la persecución. Alude a gentes que abandonan la Iglesia por miedo al martirio y que, sin embargo, creen seguir aferrados a Jesucristo, a Dios. […].
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FUENTE:
https://es.scribd.com/doc/217117950/Dios-y-El-Mundo-Joseph-Ratzinger-pdf

GOTT UND DIE WELT / Joseph Ratzinger / I PARTE / Sobre DIOS (01)

26 de mayo de 2018 by
GOTT UND DIE WELT  /Joseph Ratzinger
 

PRIMERA PARTE:   SOBRE DIOS

Señor cardenal, aunque con el progreso de las ciencias penetramos cada vezmás en los misterios de la creación, en última instancia ésta seguramente siempre será un enigma para nosotros. ¿Por qué Dios no se plantó sin más y dijo: «¡Atención, todos! Voy a deciros ahora qué ocurrió exactamente y cómo funcionan las cosas aquí, en vuestra pequeña tierra»?
La creación constituye, de hecho, un misterio, y cuanto más sabemos de ella,cuanto más se asoma la física a esa materia sutilmente estructurada, másmisteriosa se vuelve. La historia de la humanidad, con su imponderabilidad y su impenetrabilidad, añade además un cúmulo de misterios.
Lógicamente no podemos explicar en última instancia el «porqué Dios lo hizo así». ¿Por qué permanece tan callado? ¿Por qué es tan débil en el mundo ?Ésta es una pregunta que el creyente se planteará inevitablemente una y otra vez. O ¿por qué no es más claro, más rotundo? Por otra parte hemos decomprender que vivimos dentro de una perspectiva finita. No nos ayudaría que ahora tuviéramos ante nosotros de repente el desciframiento total, una comprensión del mundo que superara nuestras capacidades. En realidad, hoy no nos queda otro remedio que intentar aceptar a Dios como es, y después extraer las oportunas consecuencias.
¿Cuáles?
Creo que adentrarse en la aventura de una historia no comprensible hasta el fin, pero sin duda sostenida y dirigida por su amor, nos facilita poco a poco la visión. De este modo, a nosotros, los hombres, nos ha sido encomendada la tarea adecuada. No se trata de conseguir un producto aritmético acabado, sino de recorrer un camino y aportar nuestra contribución personal al misterio y a la grandeza del mundo. Yo diría que se nos ha dado lo suficiente para vivir. Y el límite de nuestro conocimiento no sólo supone un reto, sino también un regalo. Nos lleva a la aventura del progreso, a avanzar en el aprendizaje a medida que se ensancha nuestro horizonte. Ciertamente el requisito para esto es siempre el acto de humildad de inclinarnos ante un Dios al que no podemos comprender.
1.- SOBRE EL HOMBRE  (p. 39 / pág. 71)
El teólogo Hans Urs von Balthasar -maravilloso nombre para un teólogo-opinaba que todas las cosas podían contemplarse desde una dobleperspectiva, como hecho y COMO misterio. Visto como hecho, el hombre es un producto del azar al borde del cosmos. Pero visto como misterio fue deseado por Dios por amor a sí mismo. ¿Responde esto a la idea fundamental para poder aproximarse a la concepción cristiana del mundo y del hombre?
Yo diría que sí. Al principio sólo percibimos simples hechos, aquello que es. Esto también es aplicable a la historia, que en el fondo podría haber sido diferente. Ciertamente nadie puede sentirse satisfecho con los meros hechos, aunque sólo sea porque nosotros mismos somos en principio un mero hecho y,sin embargo, sabemos también que tenemos y podemos ser algo más que una mera existencia producto de la casualidad. ‘Por este motivo es imprescindible analizar lo que subyace a la pura facticidad y comprender que el ser humano no ha sido simplemente arrojado al mundo por un juego de la evolución. Detrás está que cada persona ha sido deseada. Cada persona es idea de Dios. Todo lo que en principio está ahí fácticamente alberga un plan y una idea, que es la que después da sentido también a la búsqueda de mi propia idea y a la unión con el todo y con el curso de la historia.
¿Cada persona es idea de Dios? ¿Qué significa eso?
Sí, tal es la convicción fundamental del cristianismo. Cuando la Sagrada Escritura presenta gráficamente la creación del hombre -con Dios el alfarero,que lo forma y le insufla el espíritu-, eso está pensado arquetípicamente paracada individuo. En los salmos el hombre dice: TÚ me has formado con barro,TÚ me has insuflado el aliento. Aquí se expresa que cada persona mantieneuna relación directa con Dios. Y, por tanto, todas desempeñan una función consentido en el gran entramado de la historia universal, tienen el puesto que lesha sido asignado y gracias al cual pueden aportar algo insustituible a la historia global.
EL ALIENTO DE DIOS
Al principio la tierra estaba desnuda y vacía, Dios todavía no había traído la lluvia, se dice en el Génesis. Entonces Dios creó al hombre, para lo cual «tomó polvo del suelo y le insufló el aliento de la vida; y el hombre se convirtió en un ser viviente». El aliento de la vida: ¿es ésta la respuesta a la pregunta de dónde venimos?
Creo que aquí hallamos un enorme simbolismo y una gran interpretación del ser humano. Según esto, el ser humano brota de la tierra y de sus potencialidades. En esta exposición se vislumbra algo parecido a la evolución. Pero no se queda ahí. Se añade algo que no procede simplemente de la tierra, ni tampoco es producto de un desarrollo posterior, sino algo radicalmente nuevo: el aliento del mismo Dios.
Lo esencial de esta imagen es la dualidad de la persona. Muestra tanto su pertenencia al cosmos como su relación directa con Dios. La fe cristiana afirma que lo que aquí se dice del primer hombre es aplicable a cada ser humano. Que cada individuo tiene un origen biológico por una parte, pero por otra no es el mero producto de los genes existentes, del ADN, sino que procede directamente de Dios.
El ser humano lleva el aliento de Dios. Ha sido creado aimagen y semejanza de Dios, es capaz de superar lo creado. Es único. Está en los ojos de Dios y unido a Él de manera especial. Con el ser humano se introduce realmente en la creación un nuevo aliento, el elemento divino. Ver este particular ser creado por Dios es muy importante para percibir la unicidad y dignidad de la persona y, con ello, la razón de todos los derechos humanos. Confiere al ser humano el respeto a sí mismo y a los demás. En él está el aliento de Dios. No es una mera combinación de materiales, sino una idea personal de Dios.
El primer ser humano al que Dios insufla su aliento se llama Adán. El nombre es la denominación hebrea de `persona’, pero al mismo tiempo constituye también un juego de palabras con Adana, `tierra de labor’. Para este hombre el Señor creó, según se dice, un jardín en el Edén. ¿Expresa esta imagen simbólica cuál es nuestro destino?
Al menos nos permite forjarnos una idea de él. El jardín simboliza la creación incólume y la existencia segura. Allí la creación no es destruida o mal utilizada, sino cuidada y preservada -y sucesivamente formada desde el espíritu-. Esta imagen representa en conjunto la amplitud, la alegría y la seguridad de la creación. Dice que Dios nos pensó para vivir en íntima armonía con la creación y para disfrutar de esa seguridad que proporciona el estar con Él. En este sentido, recoge realmente ambas determinaciones, ser guardián de la creación y estar al mismo tiempo en comunicación directa con Dios para compartir con Él la creación.
El Génesis nos enseña que la creación es un proceso. Todo sucede paso apaso. «No es bueno», consideró Dios en dicho proceso, «que el hombre esté solo. Démosle ayuda y compañía. » Y así el Señor creó primero a partir de la tierra todo tipo de animales del campo y todos los pájaros del cielo y los mostró al hombre para que decidiera cómo los había de llamar.En realidad, una buena ocasión para hablar también de los animales, nuestros acompañantes más cercanos. Adán dio nombre a cada uno de ellos. ¿Podemos utilizar a nuestros animales e incluso comerlos?
Ésta es una cuestión muy seria. En cualquier caso, nos han sido dados para cuidarlos, no para tratarlos a nuestro antojo. Los animales son asimismo criaturas de Dios, si no con el mismo carácter directo que el hombre, sí seres que Él ha querido y que nosotros hemos de respetar como acompañantes de la creación y como elementos esenciales de la misma. Respecto a la cuestión de si se puede matar y comer animales hay una curiosa disposición en la Sagrada Escritura. Podemos comprobar que al principio se habla de las plantas como alimento del ser humano. Sólo tras el diluvio, es decir, tras la nueva ruptura entre el ser humano y Dios, se deja a criterio de la persona comer carne. Es decir, que se añade un ordenamiento secundario y que, además, se comunica como tal. En cualquier caso, aunque a uno le duela que usemos a los animales de esta forma, tampoco deberíamos desembocar en una especie de culto sectario a los animales. Al ser humano también se le ofrece esa posibilidad. Ha de manifestar siempre respeto a dichas criaturas, pero también saber que no le está vedado alimentarse de ellas. Ciertamente la utilización industrial en la que se ceban gansos para conseguir un hígado lo más grande posible o el confinamiento de gallinas hasta convertirlas en caricaturas de animales, esa degradación de lo viviente a mercancía, me parece realmente opuesta a la convivencia entre el ser humano y el animal que trasluce la Biblia.
Sin embargo, el propio mundo animal es una creación de notable crueldad.Todo el mundo sabe que, en un abrir y cerrar de ojos, gatitos juguetones pueden cazar, torturar v matar a sus congéneres. Sólo sale adelante el que evidentemente tiene mayores posibilidades de exterminar a los demás.
De hecho, uno de los enigmas de la creación es la existencia aparente de una ley de la crueldad. El escritor católico Reinhold Schneider, que tendía a las depresiones, expuso todas las atrocidades de la naturaleza y del mundo animal con la mirada realmente microscópica del enfermo. Eso casi lo arrastró a desesperar de Dios y de la creación. La fe de la Iglesia ha dicho siempre que la alteración que supone el pecado original influye asimismo en la creación. La creación ya no refleja la pura voluntad de Dios, el conjunto está, en cierto modo, deformado. Aquí nos  encontramos ante enigmas. En cualquier caso, los peligros del ser humano están ya prediseñados en el mundo animal.
 
SOBRE HOMBRES Y MUJERES
Ahora viene en el Génesis el instante que quizá convierte el mundo en un mundo humano. Se desarrolla el principio de lar compañía y la Biblia expresa ese acto con una imagen muy bella: «Pero para Adán no se hallaba ayuda o compañero», se dice. Entonces Dios sumió a Adán en un sueño profundo, cogió una de sus costillas y rellenó el hueco con carne. Dios el Señor creó de la costilla una mujer y se la llenó a Adán. Entonces el hombre dijo: «Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne». En el futuro, el hombre abandonaría a su padre y a su madre y se entregaría a su mujer y los dos se convertirían en una sola carne. Adán, es decir, literalmente `el ser humano, llamó a su mujer Eva. Eva significa `vida’, y así Eva se convirtió en la madre de todo lo viviente. A lo mejor los hombres no han sabido asimilar hasta hoy esta donación de huesos, pero esta imagen cifrada parece albergar un gran misterio.
He aquí otro de los grandes símbolos primigenios que nos ofrece la Biblia para que a través de ella podamos vislumbrar cuestiones difíciles de conceptualizar. En primer lugar, revela la igualdad existencial entre hombre y mujer. Ellos son una criatura y tienen una dignidad humana. Desde luego, constituye una excelente exposición sobre la dignidad igual. El otro punto es la referencia mutua, que se manifiesta en la herida existente en nosotros y que nos conduce al otro.
La imagen que hallamos aquí, en la Escritura, atraviesa con variaciones la historia de todas las religiones. También Platón recoge el mito de que la persona fue dividida y que de ahí surgieron el hombre y la mujer. Visto así, cada uno es sólo una mitad -de ahí que siempre busque su otra mitad-. La traducción «costilla» no es segura. Acaso encierre el simbolismo de que el ser humano se divide y ha sido creado para el otro. El hombre para la mujer, la mujer para el hombre. Están buscándose entre sí para recobrar la totalidad.
¿Y esta totalidad no puede alcanzarse de otra manera?
La persona ha sido creada para necesitar al otro, para superarse a sí misma. Necesita el complemento. No ha sido creada para estar sola, lo bueno para ella no es la soledad, sino la comunidad. Tiene que buscarse y encontrarse en el otro.
A este texto del Génesis le siguen las palabras proféticas de que por eso el hombre abandonará padre y madre y se hará una carne con la mujer. Serán una carne juntos, un ser humano unido. Ahí dentro está contenido todo el drama de la necesidad de los sexos, de la referencia mutua, del amor. Además, añade que ambos están ahí para darse el uno al otro, para revitalizarse a sí mismos y finalmente consagrarse a esa nueva vida. En este sentido contiene el misterio del matrimonio y, en el fondo, también el de la familia.
A veces cabría pensar que las mujeres, casi como segunda tentativa, como creación mejorada, han salido mejor que los hombres. Parecen ser no sólo los seres humanos más bellos, sino quizá también los más evolucionados.
No me gustaría abordar esta disputa. Que a las mujeres se les han concedido dones especiales, que en cierto sentido son más sufridas y fuertes, es indiscutible. Que precisamente ellas con esa forma especial de capacidad de amar que se les ha dado, puedan llevar en su seno a otro ser humano y darle carne y sangre, confiere a la mujer una distinción especial y una grandeza completamente propia. Por lo demás, los seres humanos, tanto hombres como mujeres, deberíamos confiar en Dios e intentar cumplir unidos todo lo que implica ser personas.
La cuestión es si hombre y mujer no serán quizá dos seres esencialmente diferentes.

Sí, pero queremos oponernos a ella. Se trata de un mismo ser humano. Y como el cuerpo no es sólo un añadido externo a la persona, la diferencia física naturalmente es una diferencia que penetra a toda la persona y determina, por así decirlo, dos formas de ser persona. Creo que hay que oponerse tanto a las falsas teorías igualitarias como a las falsas teorías diferenciales.

Es falso querer medir a hombres y mujeres por el mismo rasero y decir que esa diminuta diferencia biológica no significa absolutamente nada. Ésta es la tendencia hoy predominante. Personalmente me sigue estremeciendo aún que se pretenda convertir a las mujeres en soldados como los hombres; que ellas,que siempre han sido las guardianas de la paz y a quienes hemos visto oponerse al deseo masculino de pelear y guerrear, vayan ahora por ahí con ametralladoras, demostrando que pueden ser igual de belicosas. O que las mujeres también posean ahora el «derecho» de recoger las basuras y de bajara la mina -lo que en realidad no deberían hacer por su propia dignidad, por respeto a su grandeza, a su mayor cualidad diferencial-, un derecho que ahora se les impone en nombre de la igualdad. En mi opinión, ésta es una ideología hostil al cuerpo y maniquea.

Sin embargo, no es un invento de nuestro tiempo.
Platón dijo que había que llevar a hombres y mujeres a los mismos cuarteles, que tenían que hacer todos lo mismo porque la biología no contaba. Que lo único que importaba en el ser humano era el espíritu, y que cuando nacieran niños se les condujese a un hogar infantil estatal. En el fondo, esta teoría de la igualdad es espiritualismo, una especie de desprecio al cuerpo, que se niega a reconocer que precisamente el cuerpo es la persona misma. Por eso, en mi opinión, este tipo de igualitarismo, en lugar de elevar a la mujer, la priva de su grandeza. Al masculinizarla, la arrastra, rebajándola hasta el ámbito de lo banal.
Lógicamente también existe por otro lado una falsa ideología de la diferencia. Ésta posibilitó que se considerase a las mujeres como seres inferiores, dedicadas únicamente a cocinar y limpiar, mientras que los señores de la creación hablaban y guerreaban y se sentían una casta dedicada a lo más elevado. Por eso las mujeres fueron consideradas solamente carnales, sensuales, negadas para lo espiritual, para lo creativo y qué sé yo qué cosas más. Con esto, la ideología de la diferencia se eleva a la naturaleza de casta. Esta idea impide percibir el carácter único de la creación divina, que, a pesar de sus diferencias, es unitaria y complementaria.
No pocas veces las parejas terminan en una contienda específicamente de género.
Hombre y mujer se pertenecen mutuamente. Poseen dones que han de desplegar para de ese modo hacer aflorar y madurar al ser humano en toda su amplitud. Sabernos que esa diferencia dentro de la unidad entraña tensiones y puede desembocar en intentos de ruptura. Esto también sucede en cualquier amistad. Cuanto más cercano se está, más fácil es tirarse de los pelos.
El amor es una exigencia que no me deja intacto. En él no puedo limitarme aseguir siendo yo a secas, sino que he de perderme una y otra vez al ser desbastado, al ser herido. Y precisamente esta herida para sacar a relucir mis mejores posibilidades forma parte, en mi opinión, de la grandeza, del poder curativo del amor. En este sentido, no se debe imaginar un amor puramente romántico, que cae del cielo sobre ambos cuando se han encontrado y que a partir de entonces todo irá sobre ruedas.
El amor hay que entenderlo como pasión. Sólo cuando se está dispuesto a soportarlo como pasión, aceptándose siempre de nuevo el uno en el otro, madurará una pareja para toda la vida. Si, por el contrario, cuando las cosas se ponen críticas se dice que hay que evitarlo y se separan, uno prácticamente se priva de la verdadera oportunidad que ofrece la convivencia entre hombre y mujer y, por tanto, de la realidad del amor.
MAS ALLA DEL EDEN: EL PECADO ORIGINAL
pág. 80
Ya hemos hablado de una cierta alteración en la creación. La teoría del pecado original, que fue elaborada por san Agustín, subyace a esta suposición. Debido a su dureza, fue muy discutida y lo sigue siendo incluso en el seno de la Iglesia. La historia dice que, debido al pecado de Adán, que se apartó de Dios y comió del árbol del Bien y del Mal tentado por Eva, la muerte y el pecado irrumpieron en el mundo. El Génesis afirma incluso que, de repente, los seres humanos tuvieron miedo de Dios. ¿Puede considerarse tajantemente el pecado original la característica esencial de la persona?
Tajantemente no, pero sí se trata de una realidad cuyo presente podemos percibir, aunque sólo sea su origen a través de símbolos. Un amigo mío, ya fallecido, una persona muy crítica, me comentó en cierta ocasión: «Bueno, con tantos dogmas tengo dificultades. Pero hay algo que desde luego no necesito creer, porque lo vivo todos los días: el pecado original».
En nuestras reflexiones sobre el ser humano aparecerá siempre una línea de fractura, una cierta perturbación en la persona, que no es la que podría ser. Esta perturbación se nos manifiesta en el Génesis como la fecha de comienzo de la historia, por así decirlo. En el Antiguo Testamento todavía no se dedujo de ello la teoría del pecado original, pero a partir de ahí sí que fue tomando cuerpo con claridad creciente la idea de que las personas siempre tienden al mal. Y el Dios bíblico mismo dice antes y después del diluvio: «Ya veo, son carne, son débiles, tienden al mal».
La teoría del pecado original fue elaborada por san Agustín, es cierto, pero su contenido esencial ya figura en la Epístola a los Romanos de san Pablo. Pablo relee la historia del Génesis a la luz de Cristo. Y comprende que esa historia del comienzo cuenta toda la historia. Desde el principio había existido en el ser humano ese orgullo de poseer la clave del conocimiento, de no necesitar a Dios y también de tener la clave de la vida, de no tener que morir, y así sucesivamente. El alejamiento de Dios provoca el ocultamiento de Dios. La confianza del amor se convierte de pronto en miedo al Dios peligroso y demasiado poderoso.
¿Significa esto que el ser humano ha estado dominado desde el principio por la obsesión de saber y que ahí reside toda su desgracia?
Al menos para san Pablo, la narración del Génesis indica que esa perturbación existió de manera misteriosa desde el principio. Es un hallazgo de la historia humana, con el que tenemos que contar. Pero este hallazgo sólo pudo expresarse y pensarse plenamente en el momento en que apareció la fuerza contraria. Sólo después de que viniera Cristo y diera el paso opuesto, se pudo soportar lo otro, admitiendo que era así.
A la Epístola a los Romanos se añade además la Epístola a los Filipenses(capítulo segundo), donde hay un himno cristiano primitivo encontrado por san Pablo. Según él, Adán se moviliza para apoderarse de la llave del conocimiento y lograr de ese modo lo que Dios se había reservado. Pretende elevarse casi a la altura de Dios y no necesitarle.
Dios, a su vez, recorre el camino opuesto bajando en Cristo a la miseria del ser humano y a la muerte en la cruz. Con ello vuelve a abrirnos la puerta que nos permite retornar a Dios y nos hace reconocer el orgullo como el auténtico núcleo de todos los pecados. Al mismo tiempo, comparte el sufrimiento para conducirnos de nuevo a la comunidad familiar con Dios. Por eso creo que no se debe leer nunca el Génesis sin pensar al mismo tiempo en la historia de Cristo.
Pero el pecado original no ha sido eliminado del mundo desde la muerte de Cristo en la cruz.
No, eso lo comprobamos todos, sigue ahí. Pero lo que antes sólo era una barrera enigmática y un obstáculo insalvable, encuentra su respuesta en la fuerza del perdón divino. Ello hace que nuestras obras, nuestra vida, nuestro comportamiento no sean insignificantes, pero los sitúa en otro contexto,presentándonos con ello un modelo de vivir la fe que, al acompañar a Cristo por así decirlo, constituye también la forma de superar esas alteraciones.
Pero Dios no sólo excluyó a Adán y Eva del perdón santificante, sino a todo el género humano. ¿Por qué? ¿Qué culpa tenemos nosotros, las generaciones posteriores?
He aquí la gran pregunta: ¿cómo hay que entender realmente esas palabras sobre la herencia, sobre la presencia continuada de esa perturbación? Seguro que también aquí se atascan en algún momento nuestras respuestas. Pero permítame usted recoger esas palabras clave suyas del perdón santificante.
La pérdida de ese perdón supone una alteración en la relación. La relación original con Dios, llena de confianza, viva, que al mismo tiempo sana las relaciones interpersonales, se quiebra, la relación se altera, Dios se torna oscuro. Nosotros nos escondemos de Él, y por haber construido tan bien nuestros propios escondrijos, dejamos de verle.
  En esa alteración de la relación, en ese mundo de relación alterada, entramos al nacer. Y entonces vemos que la Biblia expone magníficamente cómo, tras el pecado original, en la conversación con Dios, Adán y Eva se lanzan recriminaciones mutuas, echándose la culpa el uno al otro. Es decir, que la perturbación de la relación con Dios los enfrenta en el acto. Porque quien está enojado con Dios lo está también con el otro.
  La pérdida del perdón santificante como núcleo del pecado original quiere decir, por tanto, que la relación se ha alterado, convirtiéndose en componente del entramado histórico humano. Precisamente porque no somos culpables individualmente, sino que entramos en esa alteración de la relación,necesitamos a alguien que la corrija de nuevo. Y como Dios no desea simplemente martirizar o torturar a los seres humanos o castigarlos positivamente, Él mismo se convierte en el restablecedor de la relación, superando de ese modo la perturbación. Nada más decir pecado original, una relación perturbada a la que somos arrojados, debemos añadir siempre que Dios comenzó enseguida a restablecer y sanar de nuevo la relación. Si abordamos el concepto de pecado original sin esta respuesta de Dios, caemos realmente en el absurdo.
Entonces se les abrieron los ojos a ambos, prosigue la Biblia, «y viendo que estaban desnudos, recogieron hojas de parra y se hicieron delantales con ellas». Creo que es impensable que un mito tan antiguo y elemental tenga algo que ver con una moral mojigata, ¿no?
No, seguro que no. Ahí se manifiesta que el ser humano, que ya no goza del resplandor de Dios y tampoco ve ya a los demás a la luz de dicho resplandor,también está desnudo ante el otro y ya no son capaces de aceptarse mutuamente. También aquí se resiente la normalidad de las relaciones. Nosotros nos ocultamos unos de otros detrás del vestido -o tenemos que acreditarnos socialmente a través de él-. El vestido es, pues, una representación simbólica de la mismidad, con la que deseamos volver a restablecer externamente la dignidad herida en nuestro interior.
La teología o filosofía del vestido inherente a todo ello alude también, sin duda,a una visión antropológica profunda sobre la que, en mi opinión, aún es preciso reflexionar en detalle. Pero seguro que no se trata simplemente de establecer una moral mojigata como consecuencia del pecado original.
SOBRE EL ALMA
Uno de los interrogantes fundamentales del ser humano es no sólo de dónde venimos, sino también cómo somos. San Agustín plasmó esta añoranza. En conjunto, su interés, mucho antes de Sigmund Freud, se centró sobre todo en
dos cuestiones, como él mismo reconoce: «Quiero conocer a Dios y el alma,nada más». La historia de la creación diferencia aquí dos grandes reinos. El reino de las cosas corpóreas y el reino de los espíritus. El ser humano ocupa el centro, participando por tanto de ambos reinos. Está compuesto de cuerpo y alma, de cuerpo y espíritu. Y su alma es un ente espiritual. Dicho en pocas palabras, ¿es ésta la dotación básica del ser humano?
En cierto modo. El ser humano es ese puente. Ese encuentro del mundo material y espiritual, hecho que le confiere un rango especial en todo el entramado de la creación.
A través de la persona, la materia se eleva al ámbito espiritual, y gracias a esta unión compatibiliza ambas cosas entre sí. La materia ha dejado de ser una cosa junto a la que el espíritu estaría inseparable e inmiscible. La unidad de la creación se manifiesta precisamente en la unión de ambas cosas en el ser humano. Esto le confiere una función muy destacada, concretamente la de ser uno de los soportes de la creación, encarnar en sí el espíritu y viceversa, contribuir a elevar la materia hacia Dios, contribuyendo de este modo a la gran sinfonía global de la creación.
El código genético del ser humano está prácticamente descifrado. Pero seguramente los científicos aún tendrán que plantearse otras cuestiones:¿dónde reside nuestra alma? ¿Lo sabe la fe?
Al igual que no se puede ubicar geográficamente a Dios en lugar alguno, ya sea más allá de Marte o en cualquier otro sitio, tampoco se puede radicar geográficamente el alma, ni en el corazón, ni en el cerebro, como hicieron las dos grandes corrientes antropológicas de la antigüedad. El alma es diferente. No se puede fijar en el cuerpo, sino que penetra en la persona entera. E lAntiguo Testamento desplegó una rica simbología espiritual. Habla del hígado,de los riñones, del claustro materno, del corazón, es decir, de los órganos más diversos. Todo el cuerpo está presente, valga la expresión, en las funciones espirituales. Los órganos expresan simbólicamente aspectos del ser humano y de su alma, pero también muestran que el cuerpo está animado y que el alma en conjunto se expresa de manera específica. En este sentido cabría afirmar que existen puntos de concentración, pero no una geografía del alma.
La conciencia, que a veces tanto nos atormenta, ¿forma también parte del alma? ¿ O la conciencia, como creen algunos, nos ha sido inculcada por la educación?
Como es natural, la conciencia en su funcionamiento es algo vivo. De ahí que pueda atrofiarse o madurar en el individuo. Es innegable que el funcionamiento concreto de la conciencia también viene determinado por las realidades sociales que me rodean. El entorno social ofrece las ayudas para que despierte y se conforme, pero también los peligros que la embotan o le señalan una dirección equivocada capaz de generar una falsa conciencia, por así decirlo, ya sea escrupulosa, ya sea laxa.
¿Existen personas sin conciencia?
Me atrevo a decir que es imposible que un ser humano mate a cualquier otro yno sepa que eso está mal; de algún modo lo sabe. Es imposible que una persona que vea a otra en extrema necesidad no sienta que debería hacer algo. En el hombre existe una llamada primigenia, una sensibilidad primigenia para lo bueno y para lo malo.
Incluso cuando se intentó inculcar a los miembros de las SS que había que matar por la raza germánica y que, en consecuencia, era bueno, y cuando Goering dijo que nuestra conciencia se llama Adolf Hitler y que sólo él era la norma, esa gente también sabía que no era algo bueno. A este respecto, esas situaciones elementales de vulneración de la humanidad ponen de manifiesto una vez más que la persona posee realmente un conocimiento elemental profundísimo e íntimo. En este contexto, la moral no es sólo algo que se le ha inculcado externamente, sino que, en cuanto diferenciación fundamental entre el bien y el mal, forma parte de su bagaje espiritual.
En un pasaje de la santa misa se dice: «Mas di sólo una palabra, y mi almaquedará sana». ¿Puede Dios curar nuestra alma?
En última instancia, solamente Él, sí. Pero para que sane, Él también ha colocado a nuestro alrededor fuerzas curativas. A este respecto, hay que recordar de nuevo que nuestra relación con Dios se desarrolla a través de personas. Dios quiso venir a nosotros a través de personas -y a través de ellas pronuncia en el sacramento de la penitencia la palabra que sólo Él puede pronunciar-. En última instancia, sólo Dios puede perdonar el pecado, porque en definitiva está dirigido contra Él.
Ciertamente las curaciones también necesitan siempre la colaboración y apoyo de los demás, su disculpa, su aceptación, su bondad. Sólo dentro de un proceso de unión semejante, iluminado por la fe divina, provoca Dios las curaciones que necesitamos.
Los críticos de la fe que hablan del balance global devastador del cristianismo para la civilización consideran que la idea del pecado original y otras semejantes ponen de manifiesto los «defectos congénitos de una religión universal envejecida». Consideran dichas ideas meras invenciones que además resultan despreciativas para el ser humano, pues nos inoculan el sentimiento de estar «corrompidos».
  Y la filosofía moderna de la vida afirma: «Tú lo consigues todo solamente con quererlo; no te preocupes, vive». La doctrina fundamental cristiana de la desgracia del pecado y la penitencia parece bastante debilitada. Casi nadie la echa de menos.
Es lo mismo que decía Nietzsche, que el cristianismo es una religión del resentimiento, de los desfavorecidos, de los que se vengan declarando la grandeza del ser insignificante y trastocan las jerarquías enalteciendo, no a los fuertes, sino a los que sufren. En ese sentido, es la filosofía de los siervos que se vengan lastrando al ser humano con el pecado.
La idea de que el cristianismo te convierte en siervo y que la Iglesia nos mantiene en su poder convenciéndonos del pecado y presentándose luego como instancia de perdón está muy extendida. Es cierto que cuando Dios desaparece del campo de visión del ser humano, lógicamente también el pecado pierde su sentido. Porque si Dios no me interesa, si Él no se interesa por mí, tampoco puede existir una relación perturbada con Él, porque no existe ninguna en absoluto. Con ello, el pecado parece en principio eliminado. Y en un primer momento cabría pensar que la vida volverá a ser muy divertida y fácil, adoptando, valga la expresión, dimensiones de opereta.
Sin embargo, muy pronto se pone de manifiesto que el instante de opereta de la existencia dura muy poco. Aunque el individuo ya no desee saber nada más del pecado y se haya librado aparentemente de esta plaga en su conciencia, se da cuenta de que la culpa existe. En última instancia no puede discutir que entre tú y yo hay cuentas desequilibradas y que haya que saldar las deudas. Ahora también entran en el campo de visión las culpas colectivas.
Examinemos el panorama actual. Aunque el pecado contra Dios ha sido ampliamente eliminado de la conciencia, podemos enumerar con mayor énfasis las culpas de la historia –el pueblo alemán digiere con esfuerzo su cuenta deudora y sufre por ello-, de manera que solucionar el problema no es tan fácil. Negar a Dios y el deseo de Dios puede eliminar el concepto de pecado, pero no la problemática del ser humano subyacente.
SOBRE LA LIBERTAD
Según la doctrina cristiana los dones son regalos de Dios para la vida. Paraque a uno le vaya bien. ¿Es la libertad un don o más bien una gracia de Dios?
Por gracia entendemos un donativo de Dios al ser humano. Dios se ocupa de él de una forma nueva, específica, proporcionándole algo que, por así decirlo, no está contenido en la creación. La libertad, por el contrario, pertenece a la constitución de la creación, a la existencia espiritual del ser humano. Porque no hemos sido organizados y predeterminados según un modelo concreto. La libertad existe para que cada uno pueda diseñar personalmente su vida y, con su propia afirmación interna, recorrer el camino que responda a su naturaleza. En este sentido yo no consideraría la libertad una gracia, sino más bien un donde la creación.
Sin embargo, el verdadero valor de esta libertad parece cuestionable. Porque si uno se obstina y se toma la libertad de hacer algo que disgusta a Dios, es castigado para toda la eternidad.
Bueno, ¿qué significa realmente castigo en el lenguaje divino? ¿Es algo que se le impone a alguien por hacer su propia voluntad? No, el castigo es la situación en la que entra el ser humano cuando se aleja de su auténtica esencia. Cuando, por poner un ejemplo, mata a alguien. O cuando no respeta la dignidad de otra persona, cuando le da la espalda a la verdad, y así sucesivamente. Porque entonces el individuo utiliza su libertad, sí, pero también abusa de ella. Destruye y pisotea entonces aquello para lo que ha sido creado, el concepto de su existencia, destruyéndose de ese modo a sí mismo.
  Libertad significa aceptar por propia voluntad las posibilidades de mi existencia. Pero esto ni por asomo supone que sólo exista entonces un sí o un no. Porque por encima del no también se abre una infinita gama de posibilidades creativas del bien. Así que, en el fondo, la idea de que rechazar lo malo implica arrebatarme la libertad, constituye una perversión de la libertad. En efecto, la libertad sólo encuentra su espacio creativo en el ámbito del bien. El amor es creativo, la verdad es creativa: sólo en este ámbito se me abren los ojos, y conozco muchas cosas.
  Si observamos la vida de grandes personajes, de los santos, vemos que en el curso de la historia crean nuevas posibilidades para el ser humano que una persona internamente ciega jamás habría percibido. Dicho con otras palabras: la libertad despliega todos sus efectos cuando hace aflorar lo no descubierto y lo descubrible en el gran ámbito del bien, ampliando de ese modo las posibilidades de la creación. Se pierde cuando sólo cree confirmar la propia voluntad diciendo no. Porque entonces se ha utilizado la libertad, pero al mismo tiempo se ha deformado.

GOTT UND DIE WELT / Joseph Ratzinger (02)

25 de mayo de 2018 by

https://es.scribd.com/doc/217117950/Dios-y-El-Mundo-Joseph-Ratzinger-pdf

2. SOBRE DIOS / p. 51 pág. 91

Vayamos al fondo del asunto, como usted lo denomina, al origen y meta de la vida, a Dios. La profesión de fe del cristianismo comienza con la frase: «Creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra…». […].

Ese «creo» es un acto consciente del «yo». Un acto que engloba voluntad y discernimiento, iluminación y guía, que me han sido dadas. En esto consiste la confianza o también la difusión, ese salir de sí mismo para remitirse a Dios. Y esta remisión no se dirige a un poder superior, sino al Dios que me conoce y me habla. Que realmente es un yo -aunque muy superior-, al que puedo acercarme y que se me acerca.

¿A qué se refiere usted cuando dice que Dios es también un «yo»?

Lo digo en el sentido de que es persona. Dios no es la matemática general del universo. No está, si me permite la expresión, embutido en el mundo a modo de espíritu. Tampoco es una armonía imprecisa de la naturaleza o un «infinito» superior a cualquier ponderación, sino el creador de la naturaleza, el origen de la armonía, el viviente, el Señor.

Un momento, por favor, ¿cree usted acaso que Dios es una persona? ¿Que puede oír, ver, sentir…?

… sí, Dios tiene lo esencial de aquello a que nos referimos con persona, es decir, conciencia, conocimiento y amor. Es, por tanto, alguien capaz de hablar y de escuchar. Esto es, creo, lo esencial de Dios. La naturaleza puede ser admirable. El cielo estrellado es grandioso. Pero queda reducido a una admiración impersonal, porque en última instancia me convierte también a mí en un pequeño elemento de una máquina gigantesca.
El verdadero Dios, sin embargo, es más que eso. No es sencillamente la naturaleza, sino que la precede y la sustenta. Es un ser capaz de pensar, hablar, amar y escuchar. Y Dios, nos dice la fe, es por naturaleza relación. A eso nos referimos cuando lo consideramos uno y trino. Por ser relación en sí, puede crear seres que son asimismo relación y que pueden remitirse a Él porque Él se ha remitido a ellos.

«Quien acepta este credo», dijo usted en cierta ocasión, «renuncia a la legalidad del mundo en el que vive.»

Aludía a que el misterio de la resurrección de Cristo nos eleva por encima de la muerte. Lógicamente, por nuestra condición de seres humanos vivimos siempre en este mundo sometidos a las leyes naturales. En la naturaleza rigen la muerte y la vida. Pero en Cristo vemos que la persona es algo definitivo. No es sólo un elemento en el gran proceso del nacimiento y de la muerte, sino que es y seguirá siendo un objetivo propio de la creación. En este sentido, el ser humano ha sido arrancado del simple remolino del eterno perecer y nacer e introducido en la estabilidad del amor creador de Dios.

¿Por qué se simboliza a Dios con un triángulo desde cuyo centro nos mira fijamente un ojo?

El triángulo es un intento de representar el misterio de la unidad trinitaria. El ser humano quiere expresar con ello que ese carácter tripartito se convierte en una realidad única y que la triple relación amorosa se funde en una unidad suprema. El ojo es el símbolo del conocimiento, antiquísimo y propio de la historia de las religiones. Indica que Dios es el Dios que ve, y la persona vista, a su vez, se convierte en alguien que ve a través de Dios. […]-. La simbología del ojo está bien entendida cuando expresa la eterna dedicación, cuando me dice: «Yo nunca estoy solo, siempre hay alguien que me quiere, que me coge y me sostiene».

En la tradición judía se habla de que Dios, antes de crear el mundo, sólo existía de manera latente. En consecuencia, Dios necesitaba el mundo para convertirse en lo que es.[…] La pregunta es: ¿qué había realmente antes del principio? ¿Quién creó a Dios?

Esta es una de las muchas ideas que proceden de la tradición judía. Pensamientos parecidos también aparecieron mas tarde en la mística cristiana, por ejemplo en el maestro Eckart. Pero no responden al ideal bíblico, como si Dios sólo se convirtiera en Él mismo creando algo. No, el Dios cristiano, el Dios que se nos revela, es Dios. «Yo soy el que soy», dice. Por esto huelga también extenderse en otras preguntas, como por ejemplo: ¿quién le ha creado y quién creó luego al que creó a ése y así sucesivamente? O también: ¿es el espíritu creador la plenitud del ser, que está más allá del nacimiento y de la muerte?
Yo creo que cabría formularlo así: la propia realidad en sí es creativa. Dios no necesita al mundo. Esto lo ha subrayado siempre con mucho énfasis la fe cristiana y también el Antiguo Testamento. Al contrario que los dioses que necesitan a las personas para mantenerse y alimentarse de ellas, Dios, en sí mismo, no las necesita. Es el Uno, el Eterno, el Ser Pleno. La fe trinitaria nos dice que es Aquel que ama en sí, en ese eterno círculo del amor que representa al mismo tiempo la suprema unidad y también la alteridad y la unión vital.
Por otra parte, el pensamiento «Dios es amor» conlleva la pregunta: ¿quién es amado? Ésta se resuelve en la trinidad de Dios, que se entrega convertido en Hijo y que se devuelve convertido en Espíritu Santo. Es decir, que la creación es, en este sentido, un acto muy libre, y así lo ha subrayado siempre la tradición cristiana (y con ella los sectores fundamentales de la tradición judía): la creación no supone obligación alguna para Dios, sino que es un acto de libertad.

¿Pero por qué tendría que asumir Dios esta aventura de la creación del mundo y del ser humano?

A Romano Guardini, que percibió todo lo triste de la creación y se preguntó por qué lo hacía si en realidad podía prescindir de ella, le atormentó terriblemente esta pregunta. Nosotros no podemos contestarla. Sólo aceptar que Él, pese a todo, así lo quiso; quería una criatura a su imagen y semejanza, capaz de conocerle, ampliando de ese modo, valga la expresión, el radio de su amor. Los antiguos intentaron expresarlo con una idea filosófica: «El bien lleva en su seno el afán de participarse». En ese sentido Dios, que es la pura bondad, se desborda. Tampoco existe una respuesta definitiva a esto. Sin embargo, lo esencial es que la creación es una donación libre y no una necesidad de Dios, pues, de lo contrario, sólo sería medio Dios, y por tanto únicamente una esperanza a medias.

¿DIOS ES HOMBRE O MUJER?

¿ Dios es hombre o mujer?

Dios es Dios. No es ni hombre ni mujer, sino que es Dios por encima de todo. Es la Alteridad Absoluta. Yo creo que es muy importante consignar que la fe bíblica siempre tuvo claro que Dios no es ni hombre ni mujer, sino precisamente Dios, y que el hombre y la mujer le copian. Los dos descienden de Él y las potencialidades de ambos están contenidas en Él.

Pero el problema es que la Biblia, habla de Dios como padre, representándolo con una imagen masculina.

En primer lugar hemos de reconocer que, efectivamente, la Biblia utiliza en la oración la imagen del padre y no de la madre, pero en las imágenes sobre Dios siempre le ha añadido atributos femeninos. Por ejemplo: cuando se habla de la «compasión» de Dios en el Antiguo Testamento, no se menciona el vocablo abstracto «compasión», sino un término corporal, Rachamin, el “seno materno” de Dios, que representa la compasión. El significado espiritual de esta palabra simboliza también la maternidad divina. Todas las expresiones gráficas que se utilizan sobre Dios en la Biblia dejan claro, en ese mosaico de imágenes, que hombre y mujer proceden de Él, que los creó a ambos. En consecuencia, ambos están en Él, y sin embargo Él está al mismo tiempo por encima de ambos.

Queda la pregunta de por qué esto no se expresa en la oración.

Sí, ¿por qué la oración se refiere rígidamente a padre? Y la siguiente pregunta, aún más profunda: ¿por qué Dios ha venido a nosotros como «hijo»? ¿Por qué al encarnarse Dios se hizo hombre? ¿Y por qué este hijo de Dios nos enseñó a su vez a llamar junto con Él Padre a Dios, de forma que esa designación ya no es solamente un símbolo que podría superarse en el curso de la historia de la fe, sino una palabra que puso en nuestra boca el propio Hijo?

¿ Lo sabe Usted ?

Me gustaría asegurar primero que la palabra «Padre» sigue siendo, lógicamente, una metáfora. Sigue siendo cierto que Dios no es ni hombre ni mujer, sino Dios. Desde luego se trata de una expresión que Cristo nos dio para orar, una imagen con la que quiere proporcionarnos algo de la idea de Dios. ¿Pero por qué? Esta pregunta nos plantea una nueva fase de la reflexión, pero creo que, en última instancia, carece de respuesta. Quizá podamos decir dos cosas. Una: las religiones de los pueblos cercanos a Israel conocían las parejas de dioses, Dios-hombre y Dios-mujer. Por el contrario, el monoteísmo excluyó la idea de la pareja divina […] Dos: allí donde se utilizaron las imágenes de las divinidades madres, éstas transformaron la idea de la creación hasta un punto que llegó a convertirse en emanación, en nacimiento, lo que originó casi forzosamente modelos panteístas. El dios representado en la imagen del padre, por el contrario, crea mediante la palabra, con lo que se establece una diferencia específica entre creación y criatura.

¿CÓMO ES DIOS?

Aunque Dios no sea ni hombre ni mujer, ¿se puede decir como es? El Antiguo Testamento nos informa de sus estallidos de furia y de los subsiguientes castigos.[…] ¿Sigue siendo hoy Dios tan iracundo como antaño, o ha cambiado?

[…] La ira de Dios revela que yo me he alejado del amor divino. Quien se aparta de Dios, quien se aparta del buen camino, se acerca a la ira. Quien sale del amor, entra en lo negativo. Así pues, no es algo que te imponga cualquier dictador despótico, sino únicamente la expresión de la lógica interna de una actuación. Si salgo de lo que es adecuado a mi idea de la creación, si salgo del amor que me sustenta, entonces caigo sin más en el vacío, en la oscuridad. Entonces ya no estoy dentro del ámbito del amor, sino en otro que cabría considerar el ámbito de la ira. Los castigos de Dios no son castigos en el sentido de que Dios establezca multas policiales y le guste perjudicarnos. En realidad la expresión «castigo de Dios» manifiesta que he errado en el buen camino y pueden sobrevenirme consecuencias posteriores por seguir huellas falsas y abandonar la verdadera vida.

¿Cómo no vamos a tener sensación de dependencia, incluso de tutela, cuando decimos: «Es Dios quien efectúa en vosotros el querer y el obrar»? ¿Qué Dios es ese que tiene que mostrarnos siempre que no somos nada sin Él? Y a la inversa: ¿acaso tampoco es responsable de nosotros? Porque, ¿quién tiene culpa alguna de estar en este mundo? Hay bastante gente que no se muestra entusiasmada por ello.

Lo importante es que la Iglesia represente la imagen de Dios lo bastante grande, sin dotarla de amenazas falsas y atroces. Esto sucedió seguro en un momento de la catequesis y acaso ocurra todavía en algún que otro lugar. Al contrario, hemos de representar siempre a Dios en toda su grandeza a partir de Cristo, un Dios que nos deja caminar agarrados a una cuerda muy larga. A veces incluso cabría creer que en realidad debería hablarnos con algo más de claridad, pues a uno le gustaría preguntar: ¿por qué nos da tanta cancha? ¿Por qué deja al mal tanta libertad y tanto poder? ¿Por qué prefiere no intervenir?

¿DÓNDE ESTÁ DIOS?

Sigamos con Dios, con la pregunta de dónde está y cómo se le puede encontrar.[…]. El Libro de la Sabiduría afirma que Dios «se deja hallar por los que no le tientan y se manifiesta a los que no desconfían de Él». ¿Dónde está Dios exactamente?
Comencemos con el Libro de la Sabiduría. Ahí hay unas palabras que me parecen muy actuales: «Dios se deja hallar por los que no le tientan », es decir, por aquellos que no desean someterle a un experimento. Esta verdad se conocía ya en el mundo helenístico y sigue siendo muy acertada. Si pretendemos poner a Dios a prueba -¿estás ahí o no?- y hacemos determinadas cosas pensando que Él tendría que reaccionar, cuando lo convertimos, valga la expresión, en nuestro objeto de experimentación, habremos tomado un rumbo en el que, a buen seguro, no lograremos encontrarle. Porque Dios no se somete al experimento.[…].

Uno de mis amigos dice: «No siento nada incluso yendo todos los domingos a la iglesia. Sólo veo que no hay nada».

Es que Dios no es alguien al que podamos obligar a gritar en determinados momentos: « ¡Eh, aquí estoy!». A Dios se le encuentra precisamente cuando no le exponemos a los criterios de la falseabilidad del experimento moderno y de la demostración de la existencia, sino cuando lo consideramos Dios. Y considerarlo Dios significa mantener una relación completamente distinta con Él.

Yo puedo investigar cosas materiales desde el punto de vista operativo y ponerlas a mi servicio porque están por debajo de mí. Pero no comprenderé a una persona tratándola de ese modo. Al contrario, sólo percibiré algo de ella si comienzo a situarme en el interior de su alma mediante una especie de simpatía. Lo mismo ocurre con Dios. A Dios sólo puedo buscarlo dejando a un lado esos sentimientos de poder. En lugar de ello debo desarrollar sentimientos de buena disposición, de apertura, de búsqueda. He de estar dispuesto a esperar con humildad y a dejar que se muestre como Él quiera, y no como yo deseo.

¿Pero dónde está Dios exactamente?

[…] Utilizando una formulación positiva: no hay nada donde no esté, porque está en todo. Y negativa: en ningún caso está donde está el pecado. Si la negación eleva a poder el no estar, ahí no está. Dios está en todas partes y, sin embargo, existen distintos niveles de aproximación, porque cada nivel superior del ser se le acerca más. Cuando
comienzan la comprensión y el amor se alcanza una nueva forma de proximidad, una nueva forma de presencia.

Por tanto, Dios está donde hay fe, esperanza y amor, porque, al contrario que el pecado, son el ámbito en el que nosotros nos encontramos en las dimensiones de Dios. En este sentido, Dios está en todas partes donde acontece el bien, presente en una forma específica, y concretamente más allá de la mera existencia eterna y ubicua. Podemos hallar una forma más profunda de presencia suya justo cuando nos acercamos a las cualidades que se corresponden al máximo con su esencia más íntima, es decir, la verdad y el amor, el bien en general.

Esa presencia más profunda, ¿significa que Dios no está en algún lugar ahí fuera, en el universo, sino en medio de nosotros, en cada persona individual?

Sí, eso lo dice ya san Pablo en el areópago a los atenienses citando a un poeta griego: «En Dios nos movemos, vivimos y somos nosotros».
Que nos movemos y estamos inmersos en la atmósfera de Dios creador es aplicable, en primer lugar y en general, a nuestra existencia biológica. Y es tanto más válido cuanto más penetramos en la absoluta especificidad de Dios. Podemos formularlo así: cuando una persona obra bien con otra, se acerca especialmente a Dios. Cuando en la oración alguien se abre a Dios, entra en una proximidad especial con Él. Dios no es una magnitud determinable según categorías físico-espaciales. No está a cien mil kilómetros de altura o a una distancia de años luz. En lugar de eso, la cercanía de Dios es una cercanía a categorías del ser. Donde está lo que más le representa, donde está la *Verdad y el Bien, ahí rozamos, sobre todo, al Eterno.

Pero entonces eso significa que su presencia no es automática, que Dios no siempre está presente.

Él siempre está presente en la medida en que sin Él yo no estaría conectado al grupo electrógeno de la existencia, si queremos expresarlo así. En este sentido hay una sencilla presencia existencial de Dios en todas partes. Pero la cercanía más profunda a Dios que le ha sido dada al ser humano puede reducirse o desaparecer por completo, y a la inversa, volverse inmensa. En una persona completamente penetrada por Dios existe, como es lógico, hay una mucho mayor cercanía íntima y presencia divina que en alguien que se ha alejado completamente de Él. Pensemos en la Anunciación a María. Dios quiere que María se convierta en su templo, un templo viviente, y no solamente por la morada física. Pero su conversión en una verdadera morada para Dios sólo es posible porque se produce la apertura íntima a Él, porque ella, en su existencia íntima, se adecua por entero a Él.

¿No podría ocurrir también que Dios se aleje, al menos de modo temporal? Einstein, por ejemplo, adoraba a Dios como arquitecto del universo, pero también opinaba que Dios ya no se interesaba por su creación ni por el destino del ser humano.

Esta idea del constructor, la idea del gran arquitecto, procede de un concepto limitado de Dios. Aquí Dios es una simple hipótesis marginal, necesaria para explicar el origen del universo. Él pone en marcha el conjunto, por así decirlo, que luego se mueve. Pero al ser para el mundo sólo una última causa física, Él también abandona la escena. Ahora la naturaleza goza de autonomía, pero Dios ya no puede moverse, y en su relación con el corazón humano, con esa otra dimensión del ser, en modo alguno se percibe de antemano semejante idea de la creación. Él ya no es entonces el Dios «viviente», sino una hipótesis que, a la postre, también se intenta convertir en superflua.

De todos modos, hasta los teólogos hablan de la «ausencia de Dios».

Eso es diferente. Ya en la Sagrada Escritura existe ese ocultamiento de Dios. Dios se oculta del pueblo desobediente. Enmudece. No envía profetas. También en la vida de los santos existe esa noche oscura. Son empujados, valga la expresión, a una especie de ausencia, al silencio de Dios, como Teresa de Lisieux, por ejemplo, y entonces han de padecer la oscuridad de los gentiles. Pero eso no significa que Dios no exista. Ni que carezca de poder, ni que ya no sea Amor. En esas situaciones históricas o vitales, la incapacidad de las personas para percibir a Dios provoca también una «oscuridad de Dios», en palabras de Martin Buber. Y esa incapacidad o desgana de las personas para percibir a Dios o remitirse a Él origina un aparente alejamiento de Dios.

¿QUÉ QUIERE DIOS?

Clemente de Alejandría, uno de los grandes Padres de la Iglesia, dijo: «El ser humano ha sido creado por Dios, porque fue deseado por sí mismo por parte de Dios». Bien, si Dios es amor desinteresado, ¿por qué insiste en ser adorado y glorificado?

El Santo Padre,[Karol Wojtyla] en las encíclicas, ha analizado a otra luz la expresión «creado por sí mismo». La tomó de Immanuel Kant y la desarrolló de nuevo. Kant había dicho que la persona es el único ser que es un fin en sí mismo y no un fin para otra cosa. El Papa [Juan Pablo II] afirma ahora: «De hecho, la persona es un fin en sí misma y no un fin para algo distinto». Aquí radica también la protección de cada individuo. Porque ese Dios creador ha establecido que nadie tiene derecho a utilizar a cualquier otra persona, por pobre o débil que sea, como un medio para Dios sabe qué fines, por elevados que sean. En la actualidad, con los experimentos humanos -y con las experiencias con embriones-, esto se ha convertido en una verdad muy importante, en una protección muy importante de la dignidad humana. El derecho humano por antonomasia es precisamente el de no convertirse en un medio, sino mantener la dignidad intacta.
Pero esta circunstancia no significa que la persona esté bien cuando se encierra en sí misma, cuando como individuo se transforma en un fin en sí mismo. La condición de ser relacional es inherente a la persona.

¿Qué significa eso?

El ser humano ha sido creado con una tendencia primaria hacia el amor, hacia la relación con el otro. No es un ser autárquico, cerrado en sí mismo, una isla en la existencia, sino, por su naturaleza, es relación. Sin esa relación, en ausencia de relación, se destruiría a sí mismo. Y precisamente esta estructura fundamental es reflejo de Dios. Porque Dios en su naturaleza también es relación, según nos enseña la fe en la Trinidad.
Así pues, la relación de la persona es, en primer lugar, interpersonal, pero también ha sido configurada como una relación hacia lo Infinito, hacia la Verdad, hacia el Amor.

¿Eso es una necesidad?

No denigra al ser humano. Esa relación no lo convierte en un fin, sino que le confiere su grandeza porque él mismo mantiene una relación directa con Dios y ha sido querido por Dios. Por eso no se debe contemplar la adoración a Dios como un asunto externo, como si Dios quisiera ser alabado o precisase de halagos. Eso lógicamente sería infantil y, en el fondo, enojoso y ridículo.

¿Entonces?

Adoración entendida en un sentido correcto significa que sólo vivo correctamente mi naturaleza en cuanto ser relacional, que constituye la idea íntima de mi ser. En consecuencia, es una vida que tiende hacia la voluntad de Dios, concretamente a la adecuación con la verdad y con el amor. No se trata de obrar para que Dios se alegre. Adoración significa aceptar el vuelo de flecha de nuestra existencia. Aceptar que mi finalidad no es algo finito y que por- tanto puede comprometerme, sino que yo descollo por encima de todos los demás fines. Concretamente en la unión íntima con el que me ha querido como compañero de relación y precisamente por eso me ha concedido la libertad.

¿Es eso lo que Dios quiere realmente de nosotros?

Si.

FUENTE:
https://es.scribd.com/doc/217117950/Dios-y-El-Mundo-Joseph-Ratzinger-pdf

GOTT UND DIE WELT / Joseph Ratzinger (03)

24 de mayo de 2018 by
EN EL PRINCIPIO EXISTÍA LA PALABRA
«En el principio Dios creó los cielos y la tierra», dice el Génesis. «La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas. Entonces dijo Dios: “Hágase la luz”. Y la luz se hizo.» 
Ninguno de nosotros estuvo presente cuando surgió la tierra. Aunque según una antigua tradición judía, el Todopoderoso creó nuestro mundo casi exactamente según la Escritura: «Dios miró la Tora», se dice, «y creó el mundo según el plan de la obra.» Y san Juan comienza su evangelio con la frase: «En el principio existía la Palabra».
Sí, y realmente eso encaja, una cosa explica la otra. En el judaísmo primitivo,en la época en que vive Jesús, surgió la idea de que la creación del mundo material precedió a la Tora. Con la tierra se preparó, como quien dice, un lugar para la Tora. La idea puede parecernos un tanto ingenua, pero alberga un pensamiento de gran calado, concretamente el de que el mundo tiene un sentido espiritual.
El mundo fue creado para proporcionar un espacio a la alianza con la que Dios se vincula al ser humano. Está creado según el plan interno de la alianza, y la Tora es, como quien dice, el documento de la alianza y de la novia. Esa primera frase de la Tora -«En el principio Dios creó los cielos y la tierra»- fue retomada con plena deliberación por san Juan; es más, todo el Génesis se concentra en una única frase: «En el principio existía la Palabra».
¿Qué significa eso exactamente? 
La frase de san Juan constituye una importante clave interpretativa del Génesis. Nos explica que los distintos elementos de ese informe de la creación son simbólicos.
 Dios separó el día de la noche, creó el cielo y la tierra, los pájaros y los animales acuáticos…
Esos elementos simbólicos explican la circunstancia fundamental de que el mundo es creación y procede del Logos, que significa tanto `sentido’ como`palabra’. El Logos, es decir, la «fuerza que sustenta el sentido», era en el mundo griego y hebreo de entonces una de las grandes palabras primigenias, siendo importante que Logos no es sólo `idea’ sino también `discurso’. Dicho de otra manera: este Dios no es sólo idea, sino también discurso, acción. «En el
principio existía la Palabra», es decir, al mundo le precede el sentido espiritual,o lo que es lo mismo, la idea del mundo. El mundo es, permítame la expresión, la materialización de la idea y del pensamiento primigenio que Dios llevaba dentro de sí y que se convierte en un espacio histórico entre Dios y su criatura.
 Con el paso del tiempo, la ciencia nos suministra conocimientos que sitúan lamanifestación de la Biblia a una luz radicalmente nueva. Hace miles demillones de años -así me explicó un catedrático el descubrimiento en lainvestigación genética- se escribió una especie de libro, o mejor dicho, un rollohelicoidal. Contiene todas las informaciones para hacer surgir vida, da igual enqué forma, ya sea animal, persona, célula o virus. Los científicos han asignadoletras a esas combinaciones químicas, concretamente A, C, G y T. Esto es, dehecho, sorprendente, porque todas las palabras de ese rollo helicoidal escritose componen únicamente de esas cuatro letras. La cifra global de geneshumanos, el genoma, constituye realmente un libro; un libro de incontables frases. Ese libro con la historia de la vida se escribió, según el catedrático,«hace miles de millones de años de una sola vez, y la escritura es homogénea».
Ésta es, sin duda, una de las nuevas imágenes perceptivas que nos facilita la ciencia. Con ellas podemos reconocer, por así decirlo, la estructura alfabéticade la creación. Los antiguos habían hablado de la estructura matemática delmundo, ahora esa versión se confirma. Así pues, la palabra es realmente lo generador, con lo cual la creación es, en cierta medida, la concreción y el despliegue de un documento.
LA CULMINACIÓN DE LA CREACIÓN
Para imaginar mejor las dimensiones cronológicas de la creación, alguien comparó una vez la edad de la tierra con la duración de un año. Si se adopta ese modelo, el r de enero es el día en el que surgió la tierra. El r de abril -es decir, hace ahora unos tres mil cuatrocientos millones de años apareció por vez primera vida en forma de organismos unicelulares en este planeta. El primer pez no surgió hasta el 27 de noviembre, y los dinosaurios el 12 de diciembre.Por lo demás, Dios tuvo que haberlos amado mucho. Dominaron la tierra durante ciento cincuenta millones de años, y además sin devastarla.Finalmente, los mamíferos aparecen el 27 de diciembre, y el hombre el 31 de diciembre, es decir, hace entre quince y veinte millones de años. La historia del auténtico Homo sapiens comienza a su vez apenas ciento cincuenta mil años atrás. Es decir, que la culminación de la creación vio la luz del mundo relativamente tarde.
En primer lugar, todas estas cifras son, lógicamente, estimativas. Obedecen a buenas razones, pero no debemos absolutizarlas. A pesar de todo, esa cronología me parece muy importante, porque coincide con lo que dicen la Biblia y los Padres, concretamente que al final del tiempo aparece también su objetivo. 
De Cristo específicamente, que es la figura cabal de la persona, se dice que llegó al fin del tiempo. La Sagrada Escritura ofrece la imagen de que nos precede toda una historia sobre cuyo sentido no podemos meditar en detalle. Porque no es una mera preparación de lo posterior. Porque muchas cosas volvieron a desaparecer o se revelaron transitorias. Sin embargo, es obvio que se trata de un camino inmensurablemente largo y que la aventura del ser humano aparece como una especie de final.
Un inciso: ¿cuánto tiempo nos queda?
No podemos emitir un juicio sobre el particular. Sólo sabemos que este finalsiempre figura en el plan, pero que comenzará tarde y que, en cierta medida, lo abarcará todo.
Pero si Dios es un Dios amoroso y ama a todas las personas por igual, ¿porqué nos ha concedido una dotación tan diferente? Unos son bellos y solicitados, otros más bien solitarios. Unos son inteligentes y con facilidad de comprensión, otros tienen que luchar con esfuerzo para conseguir un pequeño éxito. Por no hablar de esas personas que vienen al mundo con graves taras.¿No puede ser que las distintas almas sean responsables de ello?
Desde luego que no, eso presupondría que uno ya ha preparado de antemano su vida futura. Por otro lado, con esa teoría de la transmigración de las almas se vaciaría al ser humano de su unicidad y responsabilidad. No, no lo sabemos.Sólo podemos decir una cosa: Dios ha creado un mundo muy diverso, ya en el ámbito pre humano, y también en la persona reina obviamente la diversidad.Esto no tiene por qué ser negativo. Aquel que no posee talento matemático puede tener un gran talento artístico; alguien que no rinde nada en el ámbito intelectual puede ser una fuerza valiosa en el ámbito artesanal.
Yo creo que acaso nos hayamos creado también un estándar demasiado unilateral de lo que el ser humano debe saber. Suele medirse según el denominado coeficiente intelectual, que sólo es capaz de captar un determinado tipo de inteligencia. Nosotros concebimos a la persona bajo el prisma del saber o del éxito, con lo que perdemos la visión de la riqueza de las distintas dotes, que tienen todas ellas su sentido, su valor y su importancia.
  Lógicamente existen casos límite, los perjudicados, los discapacitados, los que crecen en medio de la miseria, que nunca logran encontrar su lugar de realización. Aquí topamos de nuevo con el problema de por qué existe tanto sufrimiento en el mundo. Pero, sin que ahora pretendamos buscar una respuesta a ello, deberíamos consignar que el discapacitado tampoco es una criatura que no tendría que existir. Porque precisamente en su discapacidad reside su propio valor. Y el Cristo que se deja poner la corona de espinas y que dice de sí mismo: «Soy un gusano y no una persona», también se ha situado dentro del tropel de discapacitados que traen un mensaje a la humanidad.Ellos, en su calidad de dolientes, de solicitantes de nuestro amor y de redispensadores de amor, pueden desempeñar también una misión específica:basta con que abramos los ojos.
Existen razones suficientes para considerar al ser humano la culminación de la creación. Hemos inventado diecinueve mil idiomas. Cantamos óperas y tocamos instrumentos construidos por nosotros mismos. Recorremos distancias colosales. Por otra parte esta culminación de la creación se manifiesta con mucha frecuencia como una criatura sanguinaria que transforma su hogar una y otra vez en un enorme matadero. Y en cuanto finaliza un sufrimiento se provoca el siguiente. Apenas se ha sobrevivido a una guerra cuando ya se prepara la próxima. Y aquellos que ayer mismo fueron las víctimas, se convierten mañana en verdugos.
Alude usted a toda la tensión y a todo el drama del ser humano. La grandeza de la persona es indiscutible. Esa diminuta criatura que biológicamente se cuenta entre los seres más miserables y que posee actividades sensoriales moderadas (una vez más la grandeza en la pequeñez), ha desarrollado aptitudes que le abren el universo. El ser humano puede mirar con sus ojos el universo y contemplar a su vez desde el universo los detalles de su vida. De este modo se ha internado, como quien dice, en las fuentes del ser, de manera que puede intentar desmontarlo o aprovecharlo y desarrollarlo con inteligencia.
Creo que la grandeza del ser humano es hoy más visible que nunca -y naturalmente también su posible caída-. Porque cuanto más grande es la criatura, más amenazada está. Y a medida que aumentan sus capacidades,sus fuerzas y su poder, mayores son las posibles amenazas inherentes a esa situación. Un mosquito puede hacer lo que está dentro de él, ni más ni menos.Pero la persona, con la humanidad, tiene en sus manos todas las capacidades que alberga el ser humano. Eso lo capacita, en definitiva, para desplegar modos de destrucción que ningún otro ser viviente lleva en su seno.
Ésta es la paradoja interna del ser humano. Está llama(lo a lo más grande, pero su libertad puede convertir en una verdadera amenaza la otra tentación: querer ser grande y oponerse a Dios, convirtiéndose en un antidiós. Esta amenaza puede provocar su caída y transformarlo en un demonio destructivo.
A veces desearíamos decirle a Dios: «Ojalá hubieras hecho menos grande al ser humano, pues sería menos peligroso. Ojalá no le hubieras dado la libertad,así no podría caer tan bajo». Y sin embargo, al final no nos atrevemos a decirlo, porque tenemos que estar agradecidos de que Dios haya creado la grandeza. Y si Él asume el riesgo de la libertad de la persona y, en consecuencia, sus caídas, podemos estremecernos ante todo lo que puede suceder, y hemos de intentar movilizar todas las fuerzas positivas, pero también tenemos que transmitir la confianza fundamental que Dios deposita en las personas. Solamente aferrándonos a esa confianza fundamental lograremos oponernos y soportar las amenazas que se ciernen sobre el ser humano.
Cuando Dios creó la tierra, la creó como parte de un sistema solar que a su vez pertenece a la Vía Láctea, una galaxia de cien millones de estrellas situada en un mar de galaxias similares que vagan por el universo. El sistema más próximo a nosotros flota en el espacio a dos millones de años luz. ¿Es, pues,tan inconcebible que fuera de nuestro mundo diminuto, en algún otro lugar de ese universo inabarcable, existan criaturas de Dios y quizás hasta seres parecidos al hombre?
La idea de que no podemos estar solos en ese inconmensurable mar de astros es, en cierto modo, evidente. Tampoco podemos descartar tajantemente esa idea, pues no conocemos el pensamiento ni la creación divina en toda su amplitud. Aunque es un hecho que hasta ahora han fracasado todos los intentos de averiguarlo. Entretanto, una opinión muy fundada científicamente tiende a considerar que la vida extraterrestre es muy improbable. Jacques Monod, por ejemplo, que no fue realmente un cristiano, opinaba que, según los conocimientos científicos, la posible existencia de seres extraterrestres es tan mínima que raya en lo imposible.Lo único que podemos decir es que lo ignoramos. Pero hasta ahora no disponemos de argumentos de peso para afirmar que dichos seres existan en otro lugar.Por el contrario, sabemos que Dios se tomó tan en serio al ser humano en esta mota de polvo que es la tierra, que Él mismo vivió aquí, vinculándose a este mundo por toda la eternidad.A esto responde finalmente también el modelo de actuación divina que conocemos. Dios siempre destaca precisamente lo banal en apariencia y se muestra en lo que aparentemente sólo es una mota de polvo, o, como en Nazaret, un lugar casi inexistente. Con ello Dios equilibra correctamente una y otra vez nuestras pautas. Muestra que la inmensidad de lo cuantitativo es una magnitud muy distinta a la inmensidad del corazón, como dijo Pascal. Lo cuantitativo tiene su indiscutible grandeza, pero también es importante relativizarlo, por ejemplo la infinita vastedad del universo. Un solo corazón comprensivo y amante tiene una grandeza inconmensurable y diferente. Obedece a un orden completamente distinto de todo lo cuantitativo, con su formidable poder, pero no es menos grande.
Si tuviéramos parientes en el universo, ¿figuraría en la revelación?
No necesariamente, porque Dios no quiso contarnos todo. No nos dio la revelación para proporcionarnos un conocimiento pleno de las ideas de Dios y del universo.Uno de los libros de la Sabiduría, muy citado por los Padres, dice al respecto:«Dios ha entregado el mundo a nuestra disputa». El conocimiento científico es,por así decirlo, la aventura que él nos ha confiado a nosotros. En la revelación,por el contrario, sólo dice de sí mismo lo que es esencial para vivir y para morir.
La doctrina cristiana ha dividido el mundo en dos ámbitos, en un mundo visible y otro invisible, y habla de «arriba» y «abajo». ¿A qué se refiere?
Como es natural, arriba y abajo es una ayuda gráfica para entender, que se infiere de nuestro propio concepto de la vida. Ciertamente este simbolismo puede convertirse también en un concepto ingenuo, en un fisicismo que yerra en lo esencial. Pero sigue siendo valioso como un arquetipo que habla por sí mismo. Nos enseña a distinguir que existen abismos y alturas, gradaciones del ser, lo más grande y lo más pequeño, que existe la auténtica altura, el Dios vivo.
 También experimentamos de manera muy concreta la diferencia entre visible e invisible. En efecto, existen fuerzas que no podemos ver y, sin embargo, son completamente reales. Tomemos sobre todo las cuestiones auténticas, las cuestiones del espíritu y del corazón. Yo puedo vislumbrar en los ojos de una persona, en su expresión y en otras cosas parte de su interior, pero sólo como un reflejo de algo más hondo. Visto así, también las cosas materiales traslucen un poco lo invisible de forma que nos aseguramos de su existencia y somos movilizados hacia ello. En cualquier caso, las fuerzas que no podemos ver,pero sí percibir sus efectos, nos revelan que el mundo es más hondo de lo que son capaces de captar el ojo y los órganos sensoriales.
En relación con «arriba» y «abajo», con «visible» e «invisible», en el Antiguo Testamento aparecen misteriosos personajes. Se presentan como mensajeros de Dios o como el «ángel del Señor». La Biblia incluso menciona los nombres de tres de esos ángeles, los arcángeles: Miguel (el nombre traducido significa:“¿Quién es como Dios?”), Rafael (“Dios sana”) y Gabriel (“Dios los ha hecho fuertes”). Antes, en el colegio aprendíamos que los ángeles eran espíritus puros, dotados de inteligencia y voluntad. ¿Sigue siendo cierto?
Sí, tan cierto como siempre. Lo dice la Escritura, y de alguna manera el ser humano tiene un conocimiento primigenio de que no somos las únicas criaturas espirituales. Dios también llenó el mundo de otros seres espirituales cercanos a nosotros, porque todo su mundo es finalmente único. Ellos también traslucen su plenitud, su grandeza y su bondad. En este sentido, los ángeles forman parte realmente de la cosmovisión cristiana, de la amplitud de la creación divina, que también se manifiesta en otras criaturas espirituales no materiales.De este modo, constituyen el inmediato entorno viviente de Dios en el que debemos ser introducidos.
Según la doctrina de la Iglesia en el reino de los ángeles no solo hay arcángeles y querubines y serafines y ángeles corrientes, sino también ángeles de la guarda. Cuesta creer que cada persona tenga realmente su propio ángel de la guarda con el que incluso puede colaborar.
Esta creencia se ha gestado en el seno de la Iglesia y está muy bien fundamentada. Nadie está obligado a creer en ella. No tiene el grado de certeza que, por ejemplo, el mensaje de Cristo o de María. Pero una de las convicciones íntimas que han surgido en la experiencia cristiana es que, de alguna manera, Dios coloca a mi lado un acompañante que me ha sido asignado de manera especial y al que yo estoy asignado. Sin duda no será tan evidente para cualquier persona familiarizarse íntimamente con ello.
¿Conoce usted a su ángel de la guarda?
No. Yo me siento tan remitido a Dios, que aunque estoy agradecido por creer en el ángel de la guarda, me comunico directamente con Dios mismo. Estovaría según los temperamentos. Para otras personas supone una certeza muy consoladora. Lo importante es no detenerse ahí, sino dejarse conducir de verdad hacia Dios, y que la auténtica meta de la comunicación siga siendo siempre Dios mismo.
EL DENOMINADO MAL
El mito dice que originariamente los espíritus del cielo gozaban del esplendor de la gracia y de la gloria. Podían contemplar y adorar a Dios y eran completamente felices. Pero uno de esos ángeles, Lucifer, sucumbió a la tentación del orgullo y se rebeló contra el Señor. Él y sus compañeros tuvieron que pagar por ello cayendo al infierno.
  Se discute hasta hoy sobre el fenómeno del mal, que el mito bíblico intenta explicar. Entretanto, los científicos investigan un perceptible «aumento de la crueldad y una incomprensible malignidad empíricamente mensurables» entre los seres humanos. «Por tanto descubro la ley», escribió san Pablo, «de que el mal existe en mí, a pesar de que quiero hacer el bien.» Cuentan que Lutero vio incluso en persona al maligno, a Satán, y le arrojó un tintero a la cabeza. La pregunta fundamental sigue siendo: ¿por qué creó Dios a Satán? ¿Por qué el rey del cielo tuvo que fabricarse un enemigo?
La historia de la caída de los ángeles no está contada directamente en la Biblia,sino que se ha desarrollado a partir de diferentes textos con el correr del tiempo. Pero en la Biblia sí aparecen espíritus malignos. No al principio, pero poco a poco se fortalece la certeza de que no sólo existen los ángeles buenos,sino también seres espirituales malignos, que actúan sobre el mundo y sobre las personas, amenazándolas e intentando arrastrarlas abajo con ellos.Pero en modo alguno se puede afirmar que Dios haya creado a Satanás. La historia de la caída de Lucifer, que ha crecido paulatinamente en la conciencia cristiana, pretende indicar que esas potencias espirituales malignas -que aparecen de manera completamente visible en el entorno de Jesús en las expulsiones de los demonios- no fueron creadas como tales por Dios. Dios sólo creó el bien. El mal no es una entidad autónoma, sino que sólo es imaginable como negación de un ser en realidad bueno. Ése es el único punto al que puede aferrarse, porque la mera negación no puede existir.
¿Qué aspecto tiene la tentación?
Insistamos: Dios no ha creado un dios del mal, no ha colocado a su lado un antidiós. Lo que ha creado es la libertad y la circunstancia de que nuestra capacidad de comprensión a menudo no resiste esa libertad.La percepción de potencias espirituales malignas se explica en la Biblia aduciendo que se trata de criaturas con poderes que nos colocan ante el espejo. En ellas podemos reconocer hasta cierto punto un modelo de lo que supone la amenaza de la libertad. Esta amenaza tiende a su vez a lo siguiente:cuanto más grande es un ser, más autarquía desea poseer. Desea ser cada vez menos dependiente, cada vez más una especie de dios que no necesita a nadie. Aquí surge esa voluntad de autosuficiencia que denominamos orgullo.En el ser espiritual la tentación siempre existe. Consiste en una especie de perversión en la que el amor se considera una dependencia, y no un don queme vivifica; que no considera ya esa relación como generadora de vida, sino como una limitación de la propia independencia.
¿Se puede reconocer de alguna manera el mal?
Yo diría que el demonio es indemostrable. Pero la vivencia de que, al margen de la maldad humana, hay alteraciones y perturbaciones en la creación, una especie de poder de la envidia que nos arrastra y quiere hacernos caer, existe y así nos lo explican la Biblia y la fe cristiana. Pero nunca debe aparecer la idea del demonio como antidiós, capaz de oponerse a Dios y desafiarle a combatir.Al final, la negación no ejerce poder alguno. El mal constituye una amenaza y una tentación constantes, pero, como adversario, no está a la altura de Dios.Hemos de saber siempre que sólo Dios es Dios, y, por tanto, aquel que se base en Él no debe asustarse de las potencias satánicas.
¿Qué pasa con Hitler? ¿Fue, como piensan algunos, el «diablo en persona»? Sartre afirmó: «El diablo es Hitler, es la Alemania nazi». Y la filósofa judía Hannah Arendt, refiriéndose a las crueldades del fascismo, acuñó la famosa frase de la «banalidad del mal».
Que una persona surgida de lo más bajo -había vivido como un haragán y no recibió formación alguna- pueda convulsionar un siglo, tomar decisiones políticas con demoníaca clarividencia y someter a personas, incluso a personas cultas, es inquietante. 
Hitler fue un personaje demoníaco. Basta con leer el relato de los generales alemanes, que siempre se proponían decirle de una vez su opinión a la cara, y que después quedaban tan subyugados por él, que ya no se atrevían a hacerlo. Pero analizándolo de cerca, esa misma persona que se caracterizaba por ejercer una fascinación demoníaca, era, en el fondo, un don nadie completamente banal. Y el hecho de que el poder del mal se asentara precisamente en la banalidad, revela también algo de la fisonomía del mal:cuanto mayor se hace, más mezquino se vuelve, menos grandeza encierra. 
Hitler también previó situaciones de manera casi demoníaca. Yo, por ejemplo,he leído un informe de cómo se preparó la visita del Duce a Berlín. Las personas encargadas del asunto plantearon sus sugerencias, y tras largo rato, Hitler replicó: «No, todo eso no sirve para nada. Yo veo cómo ha de hacerse».Y, en una especie de éxtasis, lo expuso, y así se hizo. Es decir, que en cierto modo ahí se percibe una prepotencia demoníaca que engrandece lo banal -y banaliza lo grande-, peligrosa y destructiva sobre todas las cosas.
Desde luego, no se puede afirmar que Hitler fuera el demonio; era un hombre.Pero conocemos informes fiables de testigos oculares que demuestran que mantenía una especie de encuentros demoníacos que le hacían decir temblando: «Él ha estado de nuevo aquí» y cosas por el estilo. Nosotros no podemos investigarlo a fondo. Pero en cierto modo estaba inmerso en el ámbito de lo demoníaco, y creo que así lo demuestra la manera en que ejerció el poder, el terror y el daño que provocó.
¿ Está descartada entonces la existencia de un abismo en Dios mismo? ¿Un lado oscuro, según el lema humano ,, Dos almas yacen, ay, en mi pecho»?
Esta pregunta se ha planteado una y otra vez a lo largo de la historia de las religiones, incluso en las llamadas corrientes gnósticas de la historia del cristianismo. Carl Gustav Jung la renovó a su manera, y se preguntó si lo absoluto no tendría que ser también ambivalente. Más aún, se plantea si este Dios no será quizá también un demonio. ¿No tiene el mal su origen en Él mismo? Porque si el mal existe, ¿no procederá de Él?
Esta pregunta, en la que el mundo se torna realmente inquietante porque Dios se vuelve inquietante, fue respondida por Cristo. Concretamente al morir por nosotros mostrándonos así el abismo del amor divino. «No hay sombra alguna en Él» (es decir, en Dios), dice al respecto la Epístola de Santiago, lo oscuro procede de otro sitio; podemos, pues, confiar plenamente en Dios; lo demoníaco, el mal, no tiene anclaje alguno en Él y por eso, al final, cuando Dios sea todo en todo, se liberará realmente de la opresión del mal.
Como es lógico, esto plantea inmediatamente la pregunta de cuál es el origen del mal si no lo tiene en Dios. ¿Cómo puede existir entonces? Y si el mal vino sin Él, ¿es entonces el creador de todo? Nos topamos de nuevo con un problema abismal. La respuesta cristiana y bíblica dice que procede de la libertad. 
En este sentido, el mal no es una criatura nueva, algo espontáneo y real que exista en sí mismo, sino que es, por naturaleza, negación, una corrosión de la criatura. No es un ser -porque el ser sólo puede proceder de la Fuente del Ser-,sino una negación. Que la negación pueda ser tan poderosa tiene que conmocionarnos. Pero creo que es consolador saber que el mal no es una criatura, sino algo parecido a una planta parásita. Vive de lo que arrebata a otros y al final se mata a sí mismo igual que lo hace la planta parásita cuando se apodera de su hospedante y lo mata.
El mal no es algo propio, existente, sino pura negación. Y si me entrego al mal,abandono el ámbito del despliegue positivo de la existencia en favor del estado parasitario, del autocarcomerse y de la negación de la existencia.
CIELO E INFIERNO

Uno de los componentes más importantes de la fe, que sin embargo se nos ha vuelto cada vez más ajeno y sospechoso, es la idea del cielo y del infierno, e incluso del purgatorio.

Eso significa que no todo acaba con la muerte. Es la certera fundamental de la que parte la fe cristiana. Por lo demás, en distintas modalidades es común a toda la humanidad. La persona sabe, en cierto modo, que hay algo más, otra cosa. Eso significa que tenemos una responsabilidad para con Dios, que existe un juicio, y que la vida humana puede fructificar o fracasar.

En lo tocante al fructificar, en lo que todos confiamos pese a nuestros fracasos,el purgatorio representa un importante papel. Habrá pocas personas cuya vida sea enteramente limpia y plena. Y ojalá que también existan pocas cuya vida se haya convertido en una negación insalvable y total. Casi siempre y a pesar de los numerosos fracasos, la nostalgia del bien sigue siendo determinante. Dios puede recoger los fragmentos y hacer algo con ellos. Aunque necesitamos una cierta limpieza final, un purgatorio, en el que la mirada de Cristo, por asídecirlo, nos limpie de verdad, y sólo esta mirada purificadora nos hace aptos para Dios y capaces de estar entonces con Él en su morada.

Suena provocadoramente pasado de moda.

Creo que es muy humano. Yo diría incluso que si no existiera el purgatorio habría que inventarlo, porque ¿quién se atrevería a pensar que podría comparecer directamente ante Dios? Y sin embargo tampoco queremos ser«piezas malogradas de alfarero» que hay que tirar, por decirlo con una imagen de la Escritura, sino que deseamos ser salvables. El purgatorio significa, en el fondo, que Dios une los fragmentos, purificándonos de ese modo para que finalmente logremos estar con Él y culminar nuestra existencia.
¿Y qué hacen en el más allá los budistas o los protestantes? En una antigua comedia costumbrista bávara se dice incluso que hay un cielo particular para los prusianos, pues de lo contrario el cielo no sería un paraíso para los bávaros.
Yo diría que, desde una perspectiva muy humana, el purgatorio también consiste en superar esos particularismos. Allí se elimina lo intolerable y lo que la persona no puede soportar, de forma que aparece el núcleo puro de cada uno y nos damos cuenta de que todos formamos parte de una gran sinfonía común. 
En lo tocante a los budistas, como todo lo existente es en el fondo sufrimiento,ellos quieren salir de esa rueda dolorosa de lo perecedero y pasar a la pura nada, que sin embargo tampoco es, en cierto sentido, la pura nada. En este ámbito -aunque con una idea completamente distinta también existe algo parecido a una esperanza en la existencia buena definitiva.
Con los amigos protestantes compartimos la creencia de que el cielo y el infierno existen. El hecho de que ellos no acepten el purgatorio se basa, entre otras razones, en la teoría de la justificación. Quizá no deberíamos discutir tanto sobre el asunto. En el fondo, todos nos alegramos de saber que Dios mismo enderezará todo lo que no hemos logrado enderezar nosotros.
Evidentemente éste es el motivo de orar por los muertos.
Es un impulso primario del ser humano desear hacer algo más por los muertos y tributarles actos de amor posteriores, sobre todo cuando nos percatamos deque les hemos dejado a deber algo. Creemos que, por encima de este umbral,debería existir, además, la posibilidad de enviarles un paquete, de hacer un gesto, si se me permite la expresión. Pero si sólo existieran el cielo y el infierno,esto no tendría sentido.
  Dentro de este contexto, orar por los muertos implica un profundo reconocimiento de que aún podemos hacer algo bueno por ellos. Y creo que precisamente este aspecto tan humano revela lo que significa el purgatorio:que los muertos están todavía en un estado en el que podemos ayudarles con nuestras oraciones.
San Agustín distinguió una vez entre «creación primera» (creatio prima) y«creación continua» (creatio continua). La Iglesia habla del gran «plan salvador de Dios». ¿Se alude con ello a que Dios, para seguir con la misma simbología, está siempre sentado junto a su libro y sigue escribiendo la historia de la vida,capítulo a capítulo?
En cualquier caso, también Cristo dice en el Evangelio según san Juan: «Mi Padre ha actuado, y sigue actuando todavía». Él emplea incluso la palabra«trabajar», porque se dirige a Él como trabajador y afirma: «Dios ha trabajado y sigue trabajando todavía». Esto es idéntico al concepto de «Dios viviente».Dios no se ha retirado. Por una parte en Él está el presente como conjunto en un instante -y sin embargo nunca es el detenerse falto de amor de un engranaje, sino un presente siempre vivo-. En este sentido, es cierto que Dios siempre está presente en la historia. Ésta incluye la unicidad de su idea, de su palabra, en suma, la plena presencia de Dios en cada etapa de su desarrollo.
Ciertamente cabría pensar que es el ser humano mismo el que sigue escribiendo la creación. Porque aquello para lo que la naturaleza ha necesitado hasta ahora millones de años, lo construyen hoy investigadores genéticos y biodiseñadores de nuevos alimentos y nuevos seres vivos en un abrir y cerrar de ojos.
Este montaje de los genes constituye lógicamente un gran problema. Por un lado supone una oportunidad. Con ello hemos avanzado tanto en la estructura primordial de lo vivo que podemos conocer su código y, por tanto, construir o incluso transformar los genes. Mientras sirva para curar y se respete la creación, está bien. Pero que el hombre se crea ahora un demiurgo, un creador de mundos, puede convertirlo en destructor.
Es importante recalcarlo aquí con absoluta claridad: el respeto por todo lo que debe seguir siendo intocable ha de convertirse en la ley fundamental de cualquier actuación humana. Tenemos que saber que el ser humano no puede ni debe estar sometido a nuestros planes de montaje. Tenemos que saber que el mero inicio de ese montaje puede convertirse en una pretensión de dominar el mundo que, al mismo tiempo, alberga en su seno la destrucción.
  Porque el ser humano no puede crear nada, sino a lo sumo unir. Esta aptitud puede convertirlo en colaborador y guardián del jardín de Dios siempre que sirva con humildad y respeto a las ideas que subyacen a la creación. Pero si se erige él mismo en hacedor, la creación está amenazada.
EL ÁRBOL DE LA VIDA
Si coger el fruto del árbol del bien y del mal fue una contravención que provocó un cambio radical, el Creador previene muy encarecidamente en el Génesis de otro tabú, aún mayor, acaso el tabú por antonomasia, en concreto coger el fruto del árbol de la vida.
En el Génesis se dice que Dios colocó al este del Edén guardianes celestiales –los querubines, con sus espadas de fuego- para vigilar el acceso a ese árbol hasta el día del juicio final. «El ser humano se ha convertido ahora en uno de nosotros», dice Dios en el texto de la Sagrada Escritura, «ya que conoce el bien y el mal. Ahora, pues, cuidado, no sea que alargue su mano y tome también del árbol de la vida, y, comiendo de él, viva para siempre.» ¿Se traza con esto una última frontera? ¿Se inicia después con absoluta seguridad nuestra propia destrucción?
Estas grandes imágenes del Génesis seguirán siendo en última instancia insondables y nunca del todo mensurables para nosotros. Ocultan dimensiones aún más lejanas que trascienden nuestro conocimiento.
Primero querría mostrar la visión clásica de esta imagen, tal como la desarrollaron los Padres de la fe. Los maestros de la Iglesia enseñan que el ser humano sólo es excluido del árbol de la vida después de que, al comer del árbol del bien y del mal, maniobra para situarse en una posición inadecuada para él. Se arranca algo de sí que, si se lo apropia arbitrariamente, sólo puede convertirse en perdición. Como respuesta a esta nueva situación, Dios dice que el ser humano ya no puede tocar el árbol de la vida, porque en esa situación la inmortalidad supondría, de hecho, la condenación.
En este sentido, la exclusión del árbol de la vida, vinculada al destino de la muerte, es una gracia. Tener que vivir eternamente de la forma en que vivimos ahora en modo alguno sería un estado deseable. En una vida caracterizada por tanta confusión, la muerte sigue siendo una contradicción y un suceso siempre trágico, pero también una gracia, porque de otro modo, con esta clase de vida,la eternidad y al mundo se tornarían completamente inhabitables.
¿No debe tomarse hoy más en serio que nunca el mensaje de esa imagen?
Lógicamente se puede profundizar mucho más en esa simbología. Ahora presenciamos cómo los seres humanos empiezan a disponer del código genético, a servirse realmente del árbol de la vida y a convertirse a sí mismos en dueños de la vida y de la muerte, a montar la vida de nuevo; desde luego es necesario prevenir de verdad al ser humano sobre lo que está ocurriendo: está traspasando la última frontera.
Con esta manipulación, un ser humano convierte a otro en su criatura.Entonces el ser humano ya no surge del misterio del amor, mediante el proceso en definitiva misterioso de la generación y del nacimiento, sino como un producto industrial hecho por otros seres humanos. Con ello queda degradado y privado del verdadero esplendor de su creación.
Ignoramos lo que sucederá en el futuro en este ámbito, pero de una cosa estamos convencidos: Dios se opondrá al último desafuero, a la última autodestrucción impía de la persona. Se opondrá a la cría de esclavos, que denigra al ser humano. Existen fronteras últimas que no debemos traspasar sin convertirnos personalmente en destructores de la creación, superando de ese modo con creces el pecado original y sus consecuencias negativas.
La manipulación de la vida humana se ha convertido en una cuestión candente.
Es irrefutable: la vida del ser humano tiene que seguir siendo intocable. Aquí es preciso poner límites, una vez más, a nuestra actuación, a nuestros conocimientos, a nuestro poder y a nuestra experimentación. La persona no es una cosa, sino que refleja la presencia del mismo Dios en el mundo.
Sin embargo, a veces parece como si ya no tuviéramos esa frontera ante nosotros, como si ya la hubiésemos traspasado. La técnica genética es un nuevo instrumento que, por primera vez, permite manipular todo el material hereditario en este planeta.
Se comenzó hace mucho tiempo a transformar la vida. Ya viven muchos miles,seguramente centenares de miles de personas cuya biografía no está vinculada al anterior acto generador, sino que han comenzado su vida como óvulo y semen fuera del claustro materno. Hay niños que en su biografía tienen tres madres: aquella de la que procede el óvulo; la que ha llevado el embrión, y la que desea criarlo. Algunos niños tienen padres fallecidos años antes de su nacimiento.
Ya sea un bebé a la carta, elegido según el sexo, el color de los ojos, el tamaño y el peso, o la prolongación de la vida en otro cuerpo, cualquier cosa será posible en el futuro. Cuando a finales de 1999 un grupo de científicos descifró por vez primera uno de los veinticuatro cromosomas del ser humano (uno delos más pequeños, pero al fin y al cabo con una memoria de alrededor de treinta millones de datos hereditarios), una de las participantes confesó al periodista: «Ha sido un “trabajo infernal”». ¿Es posible que la investigadora tuviera razón? 
Sí, por desgracia puede ser. Pero primero hemos de diferenciar entre lo que las personas han hecho y lo que son. Sea  quien fuere el que haya llegado de esa forma a la vida, es una persona y hemos de amarla y reconocerla como tal. El hecho de que nos veamos obligados a rechazar esa forma de producción de seres humanos no debe provocar la estigmatización de los que han venido así al mundo. En ellos reconocemos, pese a todo, el misterio de la humanidad y los acogemos como tales. En mi opinión, esto es MUY importante. 
Lo que usted ha descrito ha abierto de hecho una vía funesta. La Iglesia católica previno desde el primer momento contra este montaje del ser humano,que al principio se presentó con un ropaje en apariencia inocente, como tantas cosas que comienzan siempre inocentemente, En sus inicios, se pretendía ayudar a matrimonios sin hijos. Aquí el problema es todavía relativamente pequeño, si se trata de matrimonios de buena voluntad y que desean tener un hijo de esa forma. No obstante, cuando se cree poder conseguir a toda costa un hijo, considerándolo un derecho, se está eligiendo un camino erróneo. De este modo el hijo se convierte en mera propiedad. Ya no procede de la libertad del Creador, que también se presenta en la libertad imprevisible de la naturaleza.
Creo que hoy, en general, se corre el enorme peligro de considerar al hijo un derecho, una propiedad. Los padres no sólo quieren representarse a sí mismos, sirio también lograr lo que aún no han conseguido en su propia biografía, para en cierto modo repetirse y autoafirmarse. Aquí es preciso rebelarse contra los padres. Esta rebelión defiende el derecho a ser uno mismo, a disfrutar de una esfera legal propia.
Cada ser humano procede de la libertad divina y ha venido al mundo por derecho propio. La educación de los padres debe consistir en abrirles su propio camino, y no pretender que sean igual que ellos; éste es el verdadero núcleo de los programas antiautoritarios. Aunque es falso rechazar la educación alegando que entraña casi una manipulación de la libertad. La libertad precisa ayuda para despegar, necesita compañía. Y una educación realmente consciente no manipula al niño a voluntad, sino que intenta impulsar su propio desarrollo y permitir su propia andadura.
Volvamos de nuevo al montaje de la persona…
Como he dicho, comienza de forma inofensiva, filantrópica, pero no consentir que el hijo sea un regalo, sino pretender fabricarlo a todo trance, supone traspasar el umbral. En lugar de un acto de amor, aparece la actuación técnica que implica la fertilización in vitro. Esto desencadena, por fuerza, problemas ulteriores. Primero se plantea la cuestión de qué sucede con los denominados fetos sobrantes, es decir, con seres que son personas, aunque sean tratados de antemano como productos de desecho.
La praxis actual es aniquilarlos en matanzas masivas.
Y así se desencadenan graves consecuencias que acabarán transformando poco a poco la relación con el ser humano. Ignoramos lo que sucederá, a partir de cuándo esto nos conducirá a la catástrofe y de qué tipo. Gracias a Dios, lo ignoramos. Pero sabemos que hemos de oponernos a semejante usurpación del ser humano, a manipularlo y a disponer de él. No se trata de frenar la libertad de la ciencia o las posibilidades de la técnica, sino de defender la libertad de Dios y la dignidad de la persona, que es lo que está en juego. Quien haya adquirido esta opinión sobre todo por la fe -aunque hay también muchos no cristianos que la comparten-, tiene asimismo la obligación de responsabilizarse de que esa frontera sea percibida y reconocida como infranqueable.

GOTT UND DIE WELT / Joseph Ratzinger (04)

23 de mayo de 2018 by
 p. 76  / pág. 130
4.- SOBRE EL ORDEN
LAS EVIDENCIAS PRIMIGENIAS DEL UNIVERSO
Aunque no podamos comprender a Dios, acaso en lo que sigue consigamos vislumbrar algo de la construcción del mundo y de lo que para el ser humano se prevé en este universo divino. Siempre presuponiendo que exista Dios.Usted ha hablado repetidamente de los valores objetivos y la «evidencia primigenia de la vida humana», de los mensajes del universo. El problema de la época moderna, opinaba usted, consiste en que ésta se ha apartado de esa evidencia primigenia. Porque hay actitudes que son verdaderas de manera absoluta y para siempre y otras que son siempre falsas por ser contrarias a la existencia. ¿Qué significa eso?
La cosmovisión cristiana es que el mundo en particular ha surgido a lo largo de un proceso de evolución muy complejo, pero que en lo más profundo procede del Logos. En este sentido es portador de razón, y no sólo de una razón matemática -nadie negará que el mundo está estructurado de acuerdo con leyes matemáticas-, es decir, una moral por completo neutral y objetiva, sino en su condición de Logos también de una razón moral.
¿Cómo es posible saberlo con tanta exactitud?
La propia creación indica cómo ha de ser entendida y aceptada. Esto también puede ser convincente para un no cristiano. Pero la fe nos revela claramente que la razón de la creación no contiene sólo un mensaje matemático sino también un mensaje moral.

Un primer dato nos lo proporciona lo que denominamos la conciencia. En ella existe un conocimiento primigenio de determinadas cosas que nunca pueden ir bien. Matar a una persona inocente, por la razón que sea, es algo que 

cualquier ser humano, si no está completamente depravado, reconoce en suinterior como malo. Otro tanto cabría decir del respeto a la vida, al igual que,por ejemplo, mantener la palabra dada, es decir, la lealtad y la verdad.Como es lógico, estos valores siguen siendo muy generales. Sabemos queHans Küng quiere refundirlos en la forma de un ethos universal, en un códigoaccesible a cualquiera, tema que no vamos a discutir ahora. Pero con todo,este intento revela asimismo que podemos hablar de una cierta transparenciade la creación que deja traslucir sus indicaciones. Y aun cuando aparezcangrandes diferencias de detalle, las constantes éticas fundamentales recorrenlas grandes religiones y la historia espiritual de la humanidad. Tomemos lamentira. Hay personas que dicen que a veces está bien, que es necesaria.Pero nadie sostendrá que sea en sí correcta.Para que estas evidencias básicas sean eficaces, claras, necesitamos unaclase particular. Esa ayuda con la que se concretan y se hacen realizables losconocimientos generales, algo difuminados, es una parte del camino al que nosconduce Cristo. La tradición de la Iglesia llama a este camino iluminación,porque a uno se le clarifican las cuestiones que, en cierto sentido, ya intuía,aunque seguía teniendo confusas.
Estas «evidencias primigenias del universo», estas «leyes fundamentales dela vida» que evidentemente nosotros ignoramos u olvidamos una y otra vez,¿están recogidas en los antiquísimos mitos del diluvio, la torre de Babel o Sodoma y Gomorra? ¿Es el mensaje de estas historias en verdad una especie de conocimiento de supervivencia para toda la humanidad?
Sin duda alguna estos relatos, que asombrosamente recorren la historia de las religiones, constituyen paneles de aviso. La narración del diluvio existe en los más diversos ámbitos geográficos, que sin duda no mantuvieron contacto. En cierto modo expresan una experiencia y visión común de la humanidad, un recuerdo interno que le ha quedado a la persona. Estas narraciones nos descifran mensajes muy específicos.
  Pensemos, por ejemplo, en la construcción de la torre de Babel, con la que el ser humano pretende procurarse una civilización única mediante la técnica. Él quiere producir el sueño en sí correcto de un mundo, una humanidad, gracias al poder del propio conocimiento, y con la torre que llega hasta el cielo intenta conquistar el poder y progresar hasta lo divino. En el fondo, es idéntico al sueño de la técnica moderna: conseguir poder divino, llegar a los centros de control del mundo. En este sentido, estos símbolos encierran advertencias que nos hablan, emanadas de un conocimiento primigenio.
Sigamos con la torre de Babel. La Biblia proporciona a este respecto un curioso dato: «El Señor dijo: “He aquí que son un pueblo, y todos ellos hablan la misma lengua. Han empezado esta obra y no desistirán de sus ideas hasta llevarlas a cabo. ¡Ea, pues, descendamos y confundamos su lengua, de manera que eluno no entienda las palabras del otro”». La verdad es que suena a arbitrariedad.
Sí, casi a envidia divina, que se niega a permitir el progreso del ser humano.Como es lógico, aquí nos topamos con un lenguaje simbólico que se nutre del material del que entonces disponía Israel. En él no se han eliminado por completo ciertos elementos paganos, que sólo se superaron en el curso de la historia de la exégesis. De lo que realmente se trata no es de que Dios tenga miedo de que el ser humano se haga demasiado grande hasta el punto dedisputarle su trono, sino que ve que la persona se destruye a sí misma alatribuirse una altura falsa.
  Podemos descifrar esta simbología quizás así: en Babel, la unidad de la humanidad y el intento de convertirse ella misma en Dios y alcanzar su altura están vinculados exclusivamente a la capacidad técnica. Pero la unidad sobre esta base, se nos replica, no es sustentadora, deviene en confusión.
  En el mundo actual, podemos asumir perfectamente esta enseñanza. Por una parte, esa unidad existe. Las ciudades sudafricanas son iguales a las sudamericanas, a las japonesas, a las norteamericanas y a las europeas. En todas partes se llevan los mismos texanos, se cantan los mismos éxitos, se miran las mismas imágenes televisivas y se admiran a las mismas estrellas. En ese sentido, existe una especie de civilización unitaria que desemboca en McDonald’s como comida única de la humanidad. 
  Pero mientras en un primer momento esta uniformidad parece correcta y buena por ser una especie de fuerza conciliadora -similar a la lengua única en la construcción de la torre de Babel-, el distanciamiento de las personas entre sí aumenta. Éstas no se aproximan de verdad. En lugar de eso vivimos un aumento de los regionalismos, la sublevación de las distintas civilizaciones que ya sólo desean ser ellas mismas o se sienten oprimidas por las demás.
¿Es esto un alegato contra la civilización única?
Sí, porque en ella se pierde lo auténtico y propio, se pierde la comunicación más profunda de las personas entre sí, que estas formas de conducta superficiales y externas y el dominio de los mismos aparatos técnicos son incapaces de generar. Porque el ser humano llega mucho más hondo. Si sólo se une en la superficie, lo profundo que hay en él se rebela contra una uniformidad en la que el individuo se reconoce después como esclavizado.

 Puede decirse que el símbolo de la construcción de la torre de Babel analiza con ojos críticos un tipo de unificación y de disposición del mundo y de la vida por el ser humano, que sólo propicia una unidad aparente y eleva a la persona sólo en apariencia. En realidad, la priva de su hondura y de su altura. Además, la convierte en una amenaza, porque por un lado sabe mucho, pero por otro su patrimonio moral no responde a su patrimonio técnico. La fuerza moral no ha crecido igual que las aptitudes para obrar y destruir desarrolladas por el ser humano. Ésta es la razón por la que Dios interviene contra esta forma de unión y crea otra distinta.

¿A qué se refiere?

Para nosotros, los cristianos, el Antiguo y el Nuevo Testamento siempre forman un conjunto. Los textos del Antiguo Testamento son el primer paso. Creemos que son incomprensibles en sí mismos si no se lee el segundo paso. Esto podremos abordarlo más adelante con la unión de Adán a Cristo y otros ejemplos.

La historia de Pentecostés, en el transcurso de la cual Dios establece su modelo unitario, también forma parte de ello. Es el equivalente a la construcción de la torre de Babel, y hace comprensible y completa la simbología. Los apóstoles no hablan aquí un idioma único, y sin embargo todos se entienden. La multiplicidad persiste, pero se transforma en una unidad interna gracias a la unidad del corazón. 

Pentecostés ofrece el modelo contrario a Babel: una unidad en la que se preserva la riqueza de la humanidad. Dios quiere unidad. Por eso actúa a lo largo de la historia; por eso vino Cristo al mundo; por eso crea la Iglesia. Pero Él desea una unidad que alcance otra profundidad y otra altura.

Inevitablemente la advertencia de Babel recuerda a la revolución electrónica del momento, que conmociona y transforma nuestro mundo como no lo ha hecho ninguna de las revoluciones anteriores. Parecemos estar creando un cosmos radicalmente nuevo. La realidad virtual de la red electrónica y las denominadas empresas de comercio electrónico se han convertido no sólo en un juego de entretenimiento, sino también en un juego por conseguir mucho dinero, poder, economías nacionales enteras de las que depende el destino de millones de personas.

Y aún se perfila otra evolución: la mayoría de los seres humanos del mundo occidental pasan hoy más tiempo delante de los medios de comunicación electrónicos que en la realidad «normal», es decir, en compañía de otras personas, en medio de la naturaleza. Son sucedáneos de la realidad, y cada vez se requiere más energía para resistir a esas imágenes virtuales de simulación en este perfecto mundo único.

Aquí se ve de nuevo cómo en el transcurso de la historia se vislumbran atisbos antes absolutamente impensables. Lógicamente, no es ése el sentido literal del texto. Pero cuando lo leemos a la luz de nuestras experiencias, vemos que la intuición allí presente se concreta hoy. Gracias a ella comprendemos lo que significa la evolución contemporánea, por qué crear esa especie de unidad supone una verdadera amenaza.Otro gran mito de la simbología bíblica, el diluvio universal, permitiría juzgar otras inundaciones, la de los estímulos, imágenes, eslóganes, de las ofertas del mercado capitalista…He aquí una imagen muy rica. Los dos significados del agua han existido siempre. Como fuente y como lluvia es el gran regalo, lisa y llanamente el elemento de la vida. Por el contrario, las inundaciones suponen un peligro que amenaza la tierra, que puede tragarse la vida. El diluvio se convirtió, así, en arquetipo de las potencias destructivas que sepultan la vida bajo ellas, que derriban las fronteras entre las cuales Dios ha asegurado la vida. Los diques se rompen y la inundación entierra la vida. En este sentido, el diluvio sigue siendo un arquetipo inscrito en las personas, que llega hasta muy lejos. Hoy vemos que existen múltiples inundaciones que rompen diques, destruyen la vida, la cultura, la existencia humana.

FUENTE:

https://es.scribd.com/doc/217117950/Dios-y-El-Mundo-Joseph-Ratzinger-pdf


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