Un despotismo engrasado en ñoñería
 La policía del pensamiento de tuíter me  ha suspendido temporalmente la expresión en la red social, con amenaza de suspenderla definitivamente,  por expresar opiniones que deben haber disgustado a los déspotas que mangonean Twitter España. Hace tiempo me bloquearon Facebook por la misma razón. En los dos casos mis comentarios se dirigían contra la ideología homosexista que fuerzas perturbadas intentan imponer en la sociedad. La actitud ante  homosexualidad, ante el amor estéril,  se convierte en la piedra de toque de la moral en Europa, con gobiernos LGTBI, y expresar cualquier opinión o sentimiento en contra se ha vuelto tabú. Es posible, incluso se favorece, expresar las mayores injurias y calumnias contra el cristianismo o algunas ideas políticas, pero no contra la ideología homosexista.  Un despotismo a menudo engrasado con ñoñería. Solo pensar un poco en este fenómeno ya revela la decadencia de las sociedades europeas hacia una tiranía grotesca como no ha habido otra en la historia, que intenta controlar no solo el pensamiento, sino también el sentimiento. Pero creo que no se puede tolerar de ninguna manera,  y animo a todos mis oyentes y seguidores a denunciar a esos nuevos tiranos, a reproducir los mensajes que “les ofenden”, como si ellos no estuvieran ofendiendo y aplastando la verdad, el sentido común y la libertad de todos. Porque la libertad hay que  ganarla frente a este nuevo totalitarismo. Resignarse a él es hacerse cómplice.
Según lo expuesto aquí, el mito del paraíso describe el paso de la inocencia animal a la consciencia culpable, es decir, a la moral vista como una caída por cuanto incorpora la consciencia de la muerte y del mal. Pero, desde luego, no es la única interpretación posible. Escribe L. Shestof:
La metafísica del conocimiento del Génesis está estrechamente ligada a la metafísica del ser. Si Dios dijo la verdad, el conocimiento (la ciencia) conduce a la muerte; si la serpiente dijo la verdad, el conocimiento iguala al hombre a los dioses. Así se planteó la cuestión ante el primer hombre, y así sigue planteada ante nosotros. Huelga decir que los devotos pensadores medievales no admitían ni por un instante que la verdad estuviera del lado de la serpiente tentadora. Pero los gnósticos pensaban y declaraban abiertamente algo distinto: no fue la serpiente la que engañó al hombre, sino Dios. En nuestro tiempo, Hegel no se cohibía lo más mínimo en afirmar que la serpiente dijo la verdad y que los frutos del árbol del conocimiento se convirtieron en fuente de la filosofía para todos los tiempos. Y si preguntamos a nuestra razón de qué lado estaba la verdad, y si acordamos de antemano que nuestra razón es la última instancia en la que se resuelve la disputa entre Dios y la serpiente, no caben dudas: la causa de la serpiente tiene garantizado el triunfo. Y mientras la razón siga siendo “soberana y juez de todas las cosas” (S. Anselmo), no podemos esperar otra decisión. La razón es la fuente del conocimiento, ¿cómo podría condenar a este? (“Atenas y Jerusalén”)
   La condena al conocimiento (a la razón, a la ciencia) está bien clara en San Pablo y en los Evangelios: Dios exige la fe, no trata de demostrar o fundamentar sus mandatos ni exige  el conocimiento; es más,  se burla de los sabios y los inteligentes y revela su verdad a los ignorantes y los pobres. Esto resulta muy chocante para la mentalidad actual, y por supuesto, también para la filosofía de la llamada edad media, que intentaba trabajosamente, angustiosamente,  conciliar la razón con la fe, decidiéndose por la primacía de la segunda. En mi libro sobre Europa señalo cómo esta tensión supone la ruptura con la razón por parte del protestantismo, y luego la ruptura con la fe en la Ilustración, de la que derivan las ideologías, así como ciertas tendencias esclavizadoras de estas.
Pero, ¿y si Dios no engañó al hombre? ¿Y si la ciencia conduce al hombre a la muerte, como le advirtió Yavé? Porque la ciencia somete al hombre a verdades universales obligatorias que por eso mismo lo  privan de la libertad y por tanto “lo matan”. Lo matan como hombre. El libro de Shestof da un largo y agudo repaso a los enormes esfuerzos de la filosofía europea, desde Grecia, para aplicar a fondo la razón y al mismo tiempo librarse de su esclavitud, presentida por muchos. Es una explicación sugestiva y que podríamos ver reflejada en la historia real,   pero creo que parte de una interpretación parcial del mito, que no habla del “árbol de la ciencia” sin más, sino de “la ciencia del bien y del mal”, es decir, de la moral. Pero son cosas muy debatibles.
Saliendo al paso
Este es el texto censurado por los déspotas mamarrachos de tuíter. Animo a difundirlo al máximo en tuíter y en Facebook o en cualquier otra red:
*Las mujeres normales NO son lesbianas. Los hombres normales NO son maricas. Sin embargo lesbianas y maricas pretenden representar a las mujeres, a los hombres, a la libertad y al progreso. La usurpación”
   En Facebook me bloquearon por esto:
*El primer derecho de los niños es a un padre y una madre reales, no a una parodia de dos papás y dos mamás, aunque estos se repartan los papeles masculino y femenino.
La única manera de combatir a los nuevos tiranos consiste en que quienes estén de acuerdo con estos puntos vuelcan a escribirlos en las redes sociales, por miles de veces. Y que quienes no estén de acuerdo también, si valoran en algo  la libertad de expresión.
FUENTE: